Maori · Māori

Hau

Palabra maorí: el aliento, el viento, la fuerza vital que circula. En sentido ordinario, *hau* designa el viento, y aparece en *hauora*, «aliento de vida, salud, vigor». Pero el concepto que Marcel Mauss hizo célebre, a través del antiguo Tamati Ranapiri, es el *hau* del don: el espíritu de la cosa dada. Cuando un *taonga* (objeto precioso) pasa de mano en mano, lleva consigo una parte de la fuerza vital del donante y de su parentela, entrelazando las vidas de quien da y quien recibe. Guardar el *hau* para sí pone en peligro; debe volver a circular. El *hau* no salda el intercambio —lo relanza, y teje la solidaridad de uno en uno.

Whether it is a very good taonga or a bad one, I must give to you, because it is the hau of your taonga, and if I hold on to it for myself, I will die.
Tamati Ranapiri, Tears of Rangi: Experiments Across Worlds, ch. 1 « Hau: The Wind of Life » — paroles de Tamati Ranapiri à Elsdon Best (1907), rapportées par Anne Salmond. Auckland University Press, 2017

Hau significa en primer lugar el viento, el aliento. Se escucha en hauora —el aliento de vida, la salud, el vigor—. Pero el hau tiene una segunda vida, la que hizo famosa Marcel Mauss: el hau del don. La cita literal proviene aquí de una mediación externa —Anne Salmond, historiadora pākehā (no māori)—, quien recoge las palabras del anciano Tamati Ranapiri al etnólogo Elsdon Best en 1907: «Ya sea un taonga muy bueno o uno malo, debo dártelo, porque es el hau de tu taonga, y si lo guardo para mí, moriré».

Cuando un taonga, un bien preciado, cambia de manos, lleva consigo una parte de la fuerza vital de quien lo entrega y de toda su parentela. Lo dado no queda saldado: aún porta el hau del donante. Ranapiri se lo explica a Best: si recibo un taonga y luego lo transmito a un tercero, y a cambio me llega otro objeto, ese retorno es el hau de tu taonga; quedármelo me mataría. El hau quiere volver a circular.

El hau del don no es, pues, el mauri —la chispa de vida ligada al cuerpo—, ni el wairua, el espíritu de la persona: es la fuerza que fluye en las cosas intercambiadas y une a los seres. Rechazar la reciprocidad —el hau whitia, el hau desviado— rompe el tejido. La misma lógica se halla en la cosecha honorable y en el ayni andino: se devuelve porque se ha recibido.

El hau no es el «regalo» del intercambio mercantil, que liquida la relación en el instante en que se agota y libera a las partes. El hau relanza el don: lo recibido obliga, el retorno exige un nuevo retorno, y así, paso a paso, se teje la solidaridad —no el pago de una deuda, sino el mantenimiento de un vínculo—.

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