French · Filosofía occidental

Devenir-animal

El devenir-animal no es la imitación de un animal ni la identificación con él: es entrar en una zona de vecindad con partículas, velocidades, afectos que son los del animal sin llegar a convertirse realmente en él. Es un proceso molecular, una alianza más que una filiación, un contagio más que un parecido —un bloque de devenir en el que dos términos se transforman el uno al otro sin que ni el uno ni el otro permanezcan lo que eran.

Devenir, c'est, à partir des formes qu'on a, du sujet qu'on est, des organes qu'on possède ou des fonctions qu'on remplit, extraire des particules, entre lesquelles on instaure des rapports de mouvement et de repos, de vitesse et de lenteur, les plus proches de ce qu'on est en train de devenir, et par lesquels on devient.
Gilles Deleuze & Félix Guattari, Mille Plateaux. Capitalisme et schizophrénie 2, 1730 : Devenir-intense, devenir-animal, devenir-imperceptible…. Éditions de Minuit, coll. « Critique », 1980

El título de la meseta está fechado —1730— en referencia a los hombres lobo que la brujería del siglo XVIII aún invocaba. Deleuze y Guattari parten de ahí no para la etnografía, sino para una pregunta filosófica: ¿qué es una relación con el animal que no sea ni metáfora ni imitación?

La historia natural clásica pensaba a los animales por semejanza —series o estructuras de analogía—. El evolucionismo pensó la vida por filiación —descendencia y parentesco—. El devenir-animal no es ni lo uno ni lo otro. No toma del animal sus rasgos distintivos para trasponerlos al hombre (metáfora). Tampoco remonta a un ancestro común (genealogía). Procede por alianza y contagio: entrar en un vecindario de partículas, de velocidades, de afectos que circulan entre cuerpos heterogéneos y los transforman al pasar. La película Willard (1972), que analizan al inicio, muestra a Willard menos «con» sus ratas que en proceso de devenir-rata: no por disfraz ni por deseo de ser un roedor, sino porque algo pasa entre ellos, un bloque de alianza y contagio que deshace las coordenadas edípicas y profesionales del personaje.

Lo que caracteriza al devenir-animal es la jauría, no el individuo. No se deviene el lobo, se entra en un lobuno, en una multiplicidad de movimientos e intensidades. El lobo solitario ya sería una reterritorialización —el animal doméstico, el animal-arquetipo, el animal del sueño individual—. La jauría, en cambio, es molecular: resiste toda subjetivación, toda asignación de un yo estable.

A distinguir de la metáfora y del totemismo. La metáfora mantiene separados ambos términos (el hombre es como un lobo) y no transforma nada. El totemismo instituye una correspondencia estructural entre series humanas y series animales —una analogía de proporcionalidad, no un vecindario real—. El devenir-animal no se parece, no corresponde: pasa entre, crea un bloque en el que ambos términos se desterritorializan juntos. No es el hombre quien imita al animal, ni el animal quien simboliza al hombre —es una zona de proximidad donde las partículas de uno y otro se vuelven indiscernibles, el tiempo del pasaje.

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