Autarkeia
αὐτάρκεια (autarkeia)
La autarquía epicúrea no es la autosuficiencia orgullosa de quien prescinde de los demás, sino el arte de necesitar solo poco —lo suficiente para que la fortuna ya no tenga poder. Se logra mediante el discernimiento de los deseos: al distinguir las necesidades que la naturaleza limita por sí misma de los deseos vanos que no tienen fondo, el sabio reduce el umbral de lo suficiente hasta hacerlo siempre alcanzable. No es una privación impuesta, sino una independencia conquistada.
La nature, pour sa subsistance, n'exige que des choses très faciles à trouver ; celles qui sont rares et extraordinaires lui sont inutiles, et ne peuvent servir qu'à la vanité ou à l'excès.
La palabra se compone de autos, uno mismo, y del verbo arkeîn, bastar, ser suficiente: autarkeia, el hecho de bastarse a sí mismo. Chauffepié, en su traducción de la Carta a Ménceo, lo vierte como «frugalidad», lo que describe su práctica sin revelar su motor. El motor no es la carencia, sino la libertad: quien solo necesita agua y pan ya no depende de lo que la fortuna da o quita.
La autarquía es el medio, no el fin. Limita el deseo para que el alma deje de perturbarse —está al servicio de la ataraxia, la ausencia de perturbación—. Por eso hay que distinguirla: autarkeia nombra aquello de lo que se necesita (poco), ataraxia el estado que sigue (la tranquilidad). Se puede aspirar a lo suficiente y seguir agitado por una opinión falsa; la autosuficiencia no basta, además es preciso que el juicio acompañe.
También se diferencia del «saber bastarse» taoísta (zhī zú, 知足). Ambos rechazan que la riqueza sea una cantidad, pero con gestos opuestos: Epicuro calcula —pesa cada deseo, fija un límite, lo convierte en hábito razonado—; Lao-Tsé suelta —no impone límites, retira el movimiento mismo de adquirir (véase wu-wei)—. Uno regula el apetito mediante la inteligencia del justo peso; el otro deja de correr. Autarquía ≠ no-acción: bastarse mediante el cálculo no es bastarse mediante el abandono de la búsqueda.
Asimismo, se distingue del bastarse estoico. En Séneca, «el sabio se basta» no significa que haya reducido sus necesidades, sino que su virtud es por sí sola un bien completo: «encuentra en sí recursos suficientes» y «no considera bien nada de lo que los hombres pueden arrebatarle». Boecio prolonga este hilo: la suficiencia no es lo poco, sino lo todo —el sumo bien del que las riquezas, los honores y la gloria no son más que destellos dispersos (véase beatitud)—. Epicuro limita el deseo para no necesitar nada raro; el estoico y Boecio desplazan el bien hacia dentro, donde nada externo tiene cabida. El primero hace pequeño lo suficiente; los segundos lo vuelven inalienable.