Uitoto · Uitoto

Nimairama

uitoto (murui-muinanɨ)

Palabra uitoto que nombra no «el chamán» ni «el sabio», sino la *cúspide* de una jerarquía del saber. En la cosmovisión relatada por Virgilio López Flores (Finoratoɨ), los sanadores (*curanderos*) y los brujos están «bajo las órdenes del *nimairama*»: él es el dueño de *todos* los conocimientos. Pero su sello propio no es estar lleno de saber —es estar habitado—. Cuando se recoge, «los maestros que están en el espacio toman posesión de su cuerpo». Esos maestros son los muertos: las almas de los *nimairama* de antaño ascienden al espacio, donde el sol Jusiñamui las ha destinado, y desde allí descienden al vivo que se concentra. Conocer, para el *nimairama*, no es acumular en sí un tesoro de informaciones, sino convertirse en el lugar de paso de una estirpe de maestros muertos que aún piensan a través de él. El sabio supremo es el más desposeído. A distinguir del *meraya* shipibo, otra cumbre de un saber, pero inversa: el *meraya* *sale* de su cuerpo para recorrer todos los mundos, mientras que el *nimairama* permanece inmóvil y deja que los otros mundos entren en él.

Cuando el nimairama se concentra, los maestros que están en el espacio se posesionan de su cuerpo.
Virgilio López Flores (Finoratoɨ), El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas, Cosmovisión uitoto « Una burbuja sostenida por candela » (FORMABIAP/AIDESEP). FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ éd. corrigée et augmentée, 2025 (1ʳᵉ éd. 2000) · trans. texte original en espagnol ; rendu français maison

Se traduciría nimairama como «chamán», y habríamos confundido al maestro con sus subordinados. Porque entre los uitoto del Putumayo, tal como los relata Virgilio López Flores —Finoratoɨ, «pájaro que resuelve todos los problemas»—, quienes sanan y quienes hieren, curanderos y brujos, están «bajo las órdenes del nimairama». Él está por encima: el maestro de todos los conocimientos.

Uno lo imaginaría colmado, depositario de un saber que una vida habría acumulado. López lo describe de otro modo. Cuando el nimairama se recoge, los maestros que están en el espacio toman posesión de su cuerpo. El sabio más alto no es quien posee —es aquel que otros vienen a habitar. Concentrarse no es escarbar en la memoria: es vaciarse lo suficiente para que los maestros entren.

Y esos maestros son los muertos. Las almas de los nimairama de antaño ascienden al espacio, donde el sol Jusiñamui las ha destinado; desde allí, descienden al vivo que se recoge. Conocer, para el nimairama, es convertirse en el lugar de paso de un linaje: el punto donde los sabios de ayer regresan a pensar. No es sabio porque sabe, sino porque a través de él, otros saben aún.

Ahí es donde nimairama se distancia de nuestras palabras. «Saber», entre nosotros, habla de acumulación: una expertise constituida, un capital de conocimientos que es mío. El más sabio es el más lleno. El nimairama invierte la medida: el sabio más alto es el más desposeído, aquel cuyo cuerpo ya no es del todo suyo. Y se diferencia del meraya shipibo, cumbre también de una ciencia: el meraya sale, recorre vivo todos los mundos transformándose en tigre o en boa; el nimairama, inmóvil, deja que los mundos entren en él. Uno conoce traspasando las fronteras del cuerpo; el otro, abriendo ese cuerpo a quienes ya las han traspasado.

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