Spanish · Asháninka

aliento del Sol vivo

le souffle du Soleil vivant

Formulación del especialista asháninka Eusebio Laos —en español, la lengua en la que confió su cosmovisión, ni una palabra en asháninka—. Esta nombra el agua no como una sustancia ni un recurso, sino como el *aliento* de un Sol vivo: ese aliento, el Sol lo hizo girar alrededor de la tierra para que vivieran aves, bestias y personas, y el aire es su espíritu («el espíritu del agua es el aire»). Respirar y transpirar —plantas, animales, humanos— es, pues, compartir un mismo aliento-agua que el Sol colocó alrededor del mundo. El agua no es un elemento más: es el hálito de un astro considerado una persona, prestado a todo lo que vive.

El agua es aliento del Sol vivo que ha hecho rodear su planeta para que vivieran todas las aves, animales y toda la gente que vive. Su espíritu del agua es el aire, entonces el aire vuelve a ser agua.
Eusebio Laos Ríos (Oshipiyo Ararooshi Iriooshi), El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas, Cosmovisión asháninka « Aliento del sol vivo » (FORMABIAP/AIDESEP). FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ éd. corrigée et augmentée, 2025 (1ʳᵉ éd. 2000) · trans. texte original en espagnol ; rendu français maison

La expresión es de Eusebio Laos, no de la lengua asháninka: un especialista asháninka que en español explica cómo su pueblo concibe el agua —«el aliento del Sol vivo» no es más que un calco francés casero, señalado como tal. La carencia que llena es real. El francés tiene «eau» (la cosa), «cycle de l’eau» (el mecanismo), «ressource» (el stock disponible); no tiene palabra para el agua entendida como el hálito de un ser vivo, exhalado y reabsorbido por un astro que respira.

En Laos, la imagen no es decorativa: rige una física entera. El Sol es vivo, vivo, y los hombres son partículas desprendidas de él. El agua es el aire que exhala; el aire es el espíritu de esa agua; y es ese mismo aliento, puesto a girar alrededor del mundo, el que retoman al respirar las plantas, los animales y las personas. Un mismo aliento atraviesa todos los pechos. No se posee el propio aire: se toma prestado, por el tiempo de una vida, el hálito de un Sol.

Como el qi chino, es un aliento que da vida —pero de otro modo: el qi se cultiva en uno mismo, se gana despojándose, es vigor propio; el aliento del Sol vivo nunca es mío, es prestado y circula, el mismo en todo lo que respira. Y como el urihi en Kopenawa, rechaza que lo vivo sea un afuera inerte —la tierra de Kopenawa está viva en sí misma, el agua de Laos es el hálito de otro, más alto, de quien tomamos nuestro aliento.

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