Nomatsigenga · nomatsigenga

Kiatsi

Entre los Nomatsiguenga, el *Kiatsi* es un señor de las profundidades de los ríos y los lagos: un ser de largo pelaje, con barbas largas *«como las culebras»*, que atrapa con ellas a quienes pasan sobre el agua. No ataca por atacar: tiene muchas hijas, y vuelca las embarcaciones para que los hombres reclamados por ellas se queden a vivir en el fondo, casados. Los que desaparecen en el remolino no suben al cielo —su alma es *«pedida»* por los seres de las profundidades. El *Kiatsi* no es un monstruo que vencer ni un accidente: es un *dueño*, un propietario del mundo acuático que toma vivos como yernos.

su pelo es largo, sus barbas son largas como las culebras y eso le permite atrapar a su presa, a alguna persona cuando pasa por ahí. Pero este Kiatsi no ataca por atacar, sino porque tiene bastantes hijas.
Mabanga Casantyo (Domingo Casancho Leguía, nomatsiguenga), El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas, cosmovisión nomatsiguenga « Barbas largas como las culebras ». FORMABIAP/AIDESEP, 3ª ed. 2025 [1ª ed. 2000]

Kiatsi es un lexema nomatsiguenga, atestiguado tal cual en el relato de Mabanga Casantyo. Nombra a uno de los dueños del mundo acuático —ese estrato de la cosmovisión donde también se halla el Itimaiti Jokatague-tachari, «la ciudad de los muertos que naufragaron». El Kiatsi reina en el fondo de los ríos y los lagos. Su señal es un cuerpo: pelo largo, y sobre todo barbas largas como las culebras, como las serpientes de agua, que usa para atrapar a quien pasa por encima de él.

Lo que distingue al Kiatsi de un simple depredador es su motivo. No ataca por hambre ni por maldad —no ataca por atacar— sino porque tiene muchas hijas que casar. Cuando una de ellas quiere un esposo nomatsiguenga que pasa en balsa, el Kiatsi levanta un remolino y vuelca la embarcación. Los hombres que desaparecen son aquellos que las hijas han pedido: se quedarán en el fondo, casados. Los que nadie ha reclamado a veces se salvan. El ahogamiento, pues, no es casualidad, sino una alianza forzada; el alma del desaparecido no va al cielo, está pedida, reclamada por los seres de abajo.

El Kiatsi pertenece a la misma familia de figuras que el Kimosito, que agarra al bañista por el pie en lo más hondo de las pozas. Son los dueños del agua, los que cobran vivos.

El Kiatsi no es el tigre de su alma es tigre, donde el hombre comparte su alma con la bestia y se vuelve ella: allí, una misma vida circula entre humano y animal; aquí, el dueño de las aguas no se confunde con nadie —sigue siendo otro, un poder que captura y desposa. Y a diferencia del mundo más que humano como concepto que extiende la comunidad moral al viviente, el Kiatsi recuerda que ese mundo poblado de personas no es benevolente: navegar por él es pasar sobre el techo de alguien que busca yernos.

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