Anattā
anattā (sct. anātman)
Lo ajeno: nada en los agregados que componen la experiencia es un *yo* permanente y sustancial. Tercera de las tres marcas de la existencia, y negación directa del *ātman* brahmánico. Fernand Hû lo expresa con una perífrasis: *«Todas las formas carecen de realidad sustancial»*. Lo que se niega es la sustancia, no la experiencia.
« Toutes les formes sont sans réalité substantielle. » Lorsqu’on est bien pénétré de ce fait, on est délivré de la douleur. C’est là la voie de la purification.
El término pali anattā es, como anicca, una negación: an-attā, lo que no es attā —el sí mismo, el equivalente pali del sánscrito ātman. El término es una réplica: allí donde las Upaniṣad buscan bajo el flujo un sí mismo permanente, idéntico al brahman, el Buda afirma que ninguno de los compuestos de la experiencia merece ese nombre.
Fernand Hû no dispone de una palabra en francés para ello; lo traduce con una perífrasis filosófica: «Todas las formas carecen de realidad sustancial». Sustancia es un término técnico, pero acierta —lo que niega anattā es justamente el sustrato permanente, aquello que permanecería idéntico bajo los cambios. Obsérvese la ampliación del versículo 279: los dos anteriores versan sobre «los agregados», este sobre «todas las formas» —la marca del no-yo no admite excepciones.
Al igual que las otras dos marcas, anattā es una palanca, no una tesis: estar «bien penetrado» de ella libera del dolor, pues la codicia se enreda en un «yo» y un «mío» que el análisis disuelve.
A distinguir de la negación nihilista del sujeto: el Dhammapada no deja de dirigirse a alguien que vela, medita, se purifica y cosecha el fruto de sus actos. Lo que se niega no es la experiencia ni la responsabilidad, sino el núcleo sustancial que se les atribuye. Anattā no dice «no hay nadie aquí»; dice que ninguna cosa permanente se sostiene ahí.