El tiempo que vive
Para el escritor aymara Fernando Huanacuni Mamani, una sola palabra — pacha — nombra el tiempo y el espacio. Pero pacha no es un recipiente vacío donde uno está colocado: es un todo vivo en el que se participa.
Decimos que el tiempo pasa y que las cosas están en el espacio. Dos palabras para dos medidas vacías: un curso que fluye y nos arrastra, una caja donde uno es depositado. El primero se lee en un reloj, el segundo se mide con una regla; ni uno ni otro esperan nada de nosotros, salvo ser contados. En las tierras altas andinas, una sola palabra abarca ambos —y rechaza, precisamente, ser un recipiente.
El jurista y escritor aymara Fernando Huanacuni Mamani, quien ha reunido el pensamiento andino del buen vivir para una organización indígena, la CAOI, se detiene en esta palabra, pacha, que los traductores vierten de un trazo: «tiempo y espacio». Advierte que el trazo es demasiado corto.
español Según la traducción de los lingüistas, hace referencia sólo a tiempo y espacio, pero para el ser Andino esta palabra va más allá del tiempo y del espacio, implica una forma de vida, una forma de entender el universo que supera el tiempo-espacio (el aquí y el ahora). Pacha no sólo es tiempo y espacio, es la capacidad de participar activamente en el multiverso, sumergirse y estar en él.
español Según la traducción de los lingüistas, la palabra remite únicamente al tiempo y al espacio; pero para el ser andino este término va más allá del tiempo y del espacio, implica una forma de vida, una manera de comprender el universo que supera el tiempo-espacio (el aquí y el ahora). Pacha no es solo tiempo y espacio: es la capacidad de participar activamente en el multiverso, de sumergirse en él y estar en él.
Los lingüistas no se equivocan; se quedan cortos. Pacha nombra, en efecto, el tiempo y el espacio —pero no solo, no únicamente. La palabra que sigue inclina todo el sentido: capacidad, una capacidad. No un marco, sino un poder; no aquello en lo que uno se encuentra, sino lo que uno hace. Nuestro tiempo y nuestro espacio son cosas donde uno es colocado, pasivo, haga lo que haga; pacha es algo en lo que uno entra. No se lo atraviesa como se atraviesa una habitación: uno se sumerge en él (sumergirse) y se está en él (estar en él). La palabra no describe un escenario donde ocurre la vida; nombra la pertenencia activa de la vida al todo.
La etimología que ofrece rechaza ya el recipiente. Pacha no es un marco neutro que preexista a lo que lo llena: es la unión de dos fuerzas cuyo choque es la vida. El tiempo-espacio andino, pues, no es la condición vacía y previa de los seres; es el tejido mismo donde lo visible y lo invisible se sostienen juntos. No hay un pacha primero y unos vivientes después: los seres y su tiempo-espacio advienen en un mismo gesto. La palabra no sitúa la vida —es su trama.
Aquí es donde hay que separar antes de intentar acercar. Nuestro tiempo y nuestro espacio modernos fueron conquistados al ser vaciados: fue necesario, para la medida exacta, un tiempo que fluyera uniformemente sin relación con nada, y un espacio igualmente indiferente a lo que alberga —dos recipientes tanto más justos cuanto más ajenos a lo que contienen. Pacha sigue la pendiente contraria. No gana realidad a medida que se vacía, sino a medida que se habita; su justeza no es la de la medida, sino la de la participación —es verdadero en la exacta proporción en que uno está en él. Dos ideas del tiempo y del espacio, no dos versiones de lo mismo: una se verifica al retirarse de lo vivo, la otra se sostiene al entrar en ello.
Retomar la palabra basta para desplazar la mirada. Mientras el tiempo «pasa» y el espacio «contiene», seguimos al margen —espectadores de un decorado que se despliega sin nosotros, contables de un curso que se nos escapa. Pacha no se despliega ante uno: se participa en él. No exige que se lo ocupe, sino que se entre en él.
Fuentes citadas
- Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir / Vivir Bien. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas, ed. Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), Lima, 2010, trad. texte original espagnol ; rendu français maison.