French · Filosofía occidental

Éternel retour

ewige Wiederkunft

Leído por Deleuze, el eterno retorno de Nietzsche no es la creencia cosmológica en un ciclo que traería de vuelta el mismo estado del mundo. Es un pensamiento selectivo, una prueba: lo que quieres, ¿lo querrías una infinidad de veces? Pensado así, la idea del retorno no repite nada; *criba*. Elimina de la voluntad todo lo que no soporta su eternidad —el término medio, el rencor, lo que se quiere bajo condición— y solo deja volver la afirmación, el devenir-activo. Querer se vuelve crear.

C'est la pensée de l'éternel retour qui sélectionne. Elle fait du vouloir quelque chose d'entier. La pensée de l'éternel retour élimine du vouloir tout ce qui tombe hors de l'éternel retour, elle fait du vouloir une création, elle effectue l'équation vouloir = créer.
Gilles Deleuze, Nietzsche et la philosophie, ch. II, § 14, Deuxième aspect de l'éternel retour : comme pensée éthique et sélective. Presses Universitaires de France, 1962

Deleuze distingue dos retornos eternos. El primero, cosmológico, supone que la materia finita y el tiempo infinito devolverán tarde o temprano cada configuración del mundo: tesis física sobre el retorno de lo Mismo. El segundo es ético, y es el único que Deleuze considera propiamente nietzscheano. No describe ciclo alguno. Plantea una pregunta a cada voluntad: lo que haces ahora, ¿lo querrías de tal modo que desearas también su eterno retorno?

La operación es un filtro. Una pereza, una cobardía que quisieran su retorno dejarían de ser esa pereza, esa cobardía: llevadas a la eternidad, se anulan. Solo perdura lo que puede afirmarse sin condiciones. Por eso Deleuze escribe que el pensamiento del retorno vuelve al querer íntegro y lo confunde con crear: retorna lo que se ha querido con suficiente fuerza para querer volver.

El malentendido habitual convierte el retorno en una rueda cósmica, cercana a las cosmologías cíclicas —próxima, en apariencia, a la transformación taoísta donde las formas se intercambian sin fin. Pero el taoísmo disuelve al sujeto en el curso de las metamorfosis, mientras que el eterno retorno deleuziano arma una voluntad que selecciona. Uno relaja, el otro pone a prueba.

El eterno retorno, entendido así, no es el retorno de lo Mismo ni la repetición idéntica. Lo que retorna no es el mundo tal cual: es solo la afirmación, lo diferente, lo activo. Lo Mismo y lo semejante, en cambio, no retornan —son precisamente lo que la prueba elimina.

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