Greek · Filosofía occidental

Energeia

ἐνέργεια (energeia)

El acto, la actividad, el ser en ejercicio —por oposición a la simple aptitud o posesión que permanece inerte—. Aristóteles rechaza situar el bien supremo en una cualidad que se tenga sin usarla: la aptitud puede existir en el hombre que duerme sin producir nada, mientras que el acto, en cambio, actúa necesariamente y actúa bien. La felicidad, pues, no es un tener, sino un hacer: la actividad del alma guiada por la virtud, desplegada a lo largo de una vida entera. A distinguir de la disposición dormida (*hexis* no ejercida) y de la *eudaimonía*, que es precisamente esa actividad realizada, no un estado que se posea en reposo.

Mais il n'est pas du tout indifférent de placer le bien suprême dans la possession ou dans l'usage de certaines qualités, dans la simple aptitude ou dans l'acte lui-même. L'aptitude peut exister fort réellement sans produire aucun bien, comme par exemple dans un homme qui dort, ou dans un homme qui pour toute autre cause reste inactif. L'acte au contraire ne peut jamais être dans ce cas, puisqu'il agit nécessairement, et que de plus il agit bien.
Aristote, Éthique à Nicomaque, Livre I, ch. VIII. La Morale d'Aristote, Ladrange, 1856 · trans. Jules Barthélemy-Saint-Hilaire · source

La palabra griega energeia (ἐνέργεια) —acuñada por Aristóteles a partir de ergon, la obra, el trabajo— nombra al ser en ejercicio, en oposición a lo que aún no es más que posible o se posee sin uso. Barthélemy-Saint-Hilaire la traduce como «acto» o «actividad». Es una de las distinciones más decisivas de la filosofía: entre lo que una cosa puede hacer y lo que efectivamente hace, entre la cualidad dormida y la cualidad en acción.

Aristóteles la emplea para zanjar la cuestión de la felicidad. No basta con poseer la virtud; es preciso ejercerla. «La aptitud puede existir muy realmente sin producir ningún bien, como en el caso de un hombre que duerme» —la mejor disposición, inactiva, no vale nada mientras no actúa. El acto, en cambio, «actúa necesariamente, y además actúa bien». El bien del hombre no es, pues, un tesoro que se guarda sin usar, sino una puesta en obra.

De ahí su comparación con los juegos Olímpicos: la corona no es para los más bellos ni los más fuertes, sino para quienes han entrado en la liza, pues los vencedores solo se hallan entre los competidores. Del mismo modo, son quienes actúan bien —y no quienes solo tendrían la capacidad— los que pueden aspirar a la vida feliz. El bien propio del hombre, concluye, es «la actividad del alma guiada por la virtud» —y, si hay varias virtudes, por la más elevada. La prudencia regula esta actividad en lo concreto; el magnánimo la eleva a su máxima altura.

Energeia ≠ simple posesión: la virtud que se tiene sin ejercerla duerme como el hombre dormido, y no produce bien alguno. Energeia ≠ hexis: una es el estado adquirido, estable, del que se dispone; la otra es su puesta en acto, el ejercicio que solo produce la obra. Y la eudaimonía no es algo que se posea: es esa actividad del alma conforme a la virtud, sostenida «durante una vida entera y completa» —pues una sola golondrina no hace verano.

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