Vivir bien no es vivir mejor

En las altas tierras aymara, la expresión suma qamaña no nombra el confort que se gana, sino una vida en plenitud, en equilibrio con toda forma de existencia. Fernando Huanacuni Mamani lo distingue, palabra por palabra, del «vivir mejor» que acumula.

Vivir bien no es vivir mejor
Tocado de cuatro puntas, altiplano andino (siglos VII–IX), área Tiwanaku/Wari — civilización de altura de la que los aymaras son herederos. Metropolitan Museum of Art, CC0.

Desarrollo, crecimiento, nivel de vida, calidad de vida: medimos la existencia por una pendiente que habría que ascender, siempre un peldaño más alto que ayer y que el vecino. En las altas tierras andinas, alrededor del lago Titicaca, otra lengua nombra otra cosa. La palabra aymara suma qamaña —y su gemela quechua sumak kawsay— no dice que haya que vivir mejor. Dice que hay que vivir bien, y la distancia entre ambas es todo el asunto.

El jurista y escritor aymara Fernando Huanacuni Mamani reunió su sentido para una organización indígena andina, la CAOI. Advierte desde el principio que «vivir bien» es una traducción pobre: el español —y el francés tras él— se queda corto frente a lo que la lengua ancestral condensa en dos palabras. He aquí, sin embargo, lo que propone:

español

El término aymara “suma qamaña” se traduce como “vivir bien” o “vivir en plenitud”, que en términos generales significa “vivir en armonía y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia”.

español

El término aymara «suma qamaña» se traduce como «vivir bien» o «vivir en plenitud», lo que significa, en términos generales, «vivir en armonía y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia».

Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir / Vivir Bien , cap. Definición de vivir bien  — ed. según la traducción francesa de la edición de la CAOI, Lima, 2010, trad. viasophia

La palabra no se deja reducir a un eslogan de felicidad. Huanacuni desglosa sus dos raíces: suma, la plenitud, lo que está lleno y realizado; qamaña, el hecho de vivir, pero también de con-vivir, de ser estando, de habitar con. Vivir bien, entonces, no es un estado que se alcance en soledad, una vez satisfechas las necesidades. Es una manera de sostenerse en un tejido de relaciones —y la primera de esas relaciones no es con otros seres humanos.

Porque lo que sorprende en la frase es la extensión de la comunidad. El equilibrio buscado no es «con los demás» en el sentido en que lo entendemos —la sociedad de los humanos—. Es «con toda forma de existencia»: los ciclos de la tierra, sus temporadas de siembra y barbecho, el cosmos, la vida, la historia misma. La comunidad, para Huanacuni, no es una estructura social compuesta por personas; está hecha de todo lo que existe, y el ser humano no es más que un hilo entre otros. El suma qamaña no exige ser feliz: exige ajustarse a ese conjunto más vasto que uno mismo.

Es en este punto donde Huanacuni traza la línea divisoria. El suma qamaña tiene un falso gemelo, y cuida de no confundirlos: el «vivir mejor».

español

El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, el vivir mejor es a costa del otro. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo, sólo pensar en el lucro.

español

El Vivir-bien no es lo mismo que el vivir-mejor; el vivir-mejor se hace a costa del otro. Vivir mejor es el egoísmo, el desinterés por el prójimo, el individualismo, pensar solo en el beneficio.

Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir / Vivir Bien , cap. Definición de vivir bien  — ed. según la traducción francesa de la edición de la CAOI, Lima, 2010, trad. viasophia

«Vivir mejor» es comparativo: solo se vive mejor más que alguien, y por tanto a sus expensas. Para que una minoría viva mejor, dice Huanacuni, multitudes deben vivir mal —esa es la gramática misma de la acumulación, que ordena el mundo en ganadores y perdedores. «Vivir bien» no se compara: apunta a una plenitud que nadie debe pagar por otro, porque se mide por el equilibrio del todo, no por el hueco que se haya cavado en el vecino o en la tierra. El hambre insaciable que empuja a querer siempre más no es aquí un motor: es exactamente lo que el suma qamaña previene.

Podría tentarnos reconocer en esto nuestras propias palabras recientes —sobriedad, frugalidad feliz, arte de vivir con menos—. La semejanza es real, pero hay que mantenerla a distancia antes de confiar en ella. Nuestras sobriedades siguen siendo, casi siempre, elecciones de individuos que ajustan su consumo; parten del sujeto y de su relación con los bienes. El suma qamaña no parte del sujeto: parte de la comunidad ampliada a todo lo vivo, y es ella, no el individuo, la que da la medida del bien. No es una versión suavizada del mismo mundo: es otra raíz.

Queda entonces una pregunta que la palabra plantea sin cerrar. Hemos aprendido a preguntar: ¿cómo vivir mejor? —y la respuesta siempre adopta la forma de un más. El suma qamaña pregunta otra cosa: ¿estoy en equilibrio con lo que me rodea y me sostiene? La diferencia no es de grado. Es la diferencia entre una vida que se escala y una vida que se armoniza.

Fuentes citadas

  • Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir / Vivir Bien. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas, ed. Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), Lima, 2010, trad. texte original espagnol ; rendu français maison.