Contre-productivité
Umbral más allá del cual una herramienta o institución empieza a producir lo contrario de su fin: la escuela que embrutece, el transporte que inmoviliza, la medicina que enferma. En *La Convivencialidad*, Illich lo denomina el «segundo umbral de mutación» —el momento en que, más allá de cierto punto de crecimiento, la herramienta deja de servir al hombre y lo manipula—. Más tarde formalizará el término de «contraproductividad» (en especial en *Némesis médica*), pero el concepto ya está descrito aquí por completo: no un simple rendimiento decreciente, sino un vuelco de la herramienta contra su propia razón de ser.
En une décennie plusieurs institutions dominantes ont, ensemble, sauté gaillardement le second seuil. L’école n’est plus un bon outil d’éducation, ni la voiture un bon outil de transport, ni la chaîne de montage un mode acceptable de production. L’école produit des cancres et la vitesse dévore le temps.
Illich distingue dos umbrales en la vida de una herramienta. En el primero, el instrumento se vuelve eficaz: hacia 1913, la medicina empieza a curar más de lo que daña. En el segundo, algo se invierte. La herramienta, al seguir creciendo, traspasa un «segundo umbral de mutación» más allá del cual la institución «pervierte el uso de la herramienta manejable»: «Se toma cada vez más el medio por el fin». La escuela empieza a producir fracasados, el coche a devorar el tiempo que prometía ahorrar, la medicina a fabricar nuevas enfermedades. El fin se convierte en su contrario.
La palabra que perdurará —contraproductividad— aún no está escrita aquí; Illich habla del «segundo umbral», del momento en que la institución «pervierte el uso de la herramienta manejable» y abre «el reino de las manipulaciones». Pero la idea está ya completa, y es precisa: no es que la herramienta produzca menos, sino que produce lo contrario. El mismo gesto funda la convivencialidad: una sociedad es convivencial mientras mantiene sus herramientas por debajo de ese umbral, allí donde aún prolongan la libertad de quien las usa. Juzgar un medio no por su rendimiento, sino por lo que hace al tejido de las relaciones: esa es la exigencia de toda ecología de la acción.
La contraproductividad ≠ una simple ineficacia o un rendimiento decreciente: la herramienta no cumple «peor» su función, sino que realiza lo opuesto a su fin —la institución que debía sanar enferma—. Y ≠ un efecto secundario accidental: no es un fallo imprevisto, sino un umbral estructural, previsible, inscrito en la lógica misma del crecimiento de la herramienta. Superado ese punto, el mal ya no es un accidente de la máquina: es su producto.