Afrotopia
En Felwine Sarr, la *Afrotopía* no es un lugar, sino una utopía activa: no el sueño de un paraíso africano por venir, sino el trabajo de identificar, en la realidad presente del continente, los gérmenes de un futuro posible y fecundarlos. Rechaza el relato del «alcance» —la idea de que África tendría que correr tras el modelo económico y social de Occidente para saldar un retraso—. Sarr opone a ello una África que bebe de sus propios recursos mitológicos, culturales y espirituales para inventar su trayectoria. Ni nostalgia de un pasado precolonial, ni mimetismo del desarrollo: un acto de fe en los posibles por hacer realidad mediante el pensamiento y la acción.
L'Afrotopia est une utopie active qui se donne pour tâche de débusquer dans le réel africain les vastes espaces du possible et les féconder.
El término se forja frente a una doble tentación. Por un lado, el afro-pesimismo, que solo lee el continente desde el registro de la carencia: guerras, hambrunas, atrasos, fracasos. Por el otro, el afro-optimismo de las tasas de crecimiento, que celebra una África «emergente» con la condición de que se ajuste cuanto antes a los estándares del Norte. Sarr considera que ambos son solidarios de una misma medida: Occidente como único patrón de lo logrado. La Afrotopía desplaza ese patrón. La pregunta ya no es «en qué punto está África en la escala del desarrollo», sino «qué forma de vida social, qué relación con el tiempo, con la medida, con el sentido, puede proponer desde sus propios universos».
Aquí la utopía no tiene nada de evasión. Fundar una utopía, escribe Sarr, no es «dejarse llevar por un dulce ensueño, sino pensar espacios de lo real por hacer advenir mediante el pensamiento y la acción». El Afrotopos —ese otro lugar cuya llegada hay que apresurar— no está en otro sitio ni en el mañana: ya está presente en germen, en las prácticas, los discursos, las creaciones donde se elabora «esa África que viene». El gesto consiste en sacarlos a la luz, nombrarlos, alimentarlos. Por eso la Afrotopía es tanto una indagación como un proyecto: escruta lo real para detectar en él el surgimiento de una novedad radical, en lugar de aplicar un modelo recibido.
Lo que está en juego es también una relación con lo imaginario. Para Sarr, una civilización no se redefine ante todo por sus balances macroeconómicos, sino por su capacidad de soñarse de otro modo, de extraer de su propio acervo simbólico los elementos para orientar su devenir. De ahí su parentesco con otras corrientes que rechazan la unicidad del mundo moderno —el pluriverso de Escobar, el sentir-pensar de los territorios— y el contrapunto exacto que forma con el devenir-negro del mundo de Mbembe: mientras este último diagnostica la extensión planetaria de una condición padecida, la Afrotopía afirma una potencia de invención.
La Afrotopía ≠ el afro-pesimismo, que solo ve carencias. ≠ el desarrollismo de alcance, que toma a Occidente como medida y al futuro africano como un retraso por compensar. ≠ el retorno identitario a un pasado precolonial idealizado, pues trabaja el presente y no la nostalgia.