Portuguese · Krenak

adiar o fim do mundo

différer la fin du monde

Expresión del pensador krenak Ailton Krenak (*A vida não é útil*, 2020; título de su libro *Ideias para adiar o fim do mundo*, 2019): no retrasar técnicamente una catástrofe venidera, sino mantener abierta la posibilidad de imaginar otro mundo. Krenak lo plantea de entrada: el fin no está ante nosotros, ya ocurrió —para los pueblos de las Américas, el mundo ya terminó una vez, con la conquista—. «Diferir el fin del mundo» no significa, pues, alargar el orden presente, que rechaza, sino impedir el fin de la capacidad de soñar otro mundo. Lo que hace las veces de ello, entre los krenak, es el sueño practicado como institución.

A proposta de desacelerar nosso uso de recursos naturais pode sugerir a ideia de adiar o fim deste mundo, mas, em alguns lugares, esse fim já aconteceu — ontem, hoje cedo, vai acontecer depois de amanhã.
Ailton Krenak, A vida não é útil, propos rassemblés dans A vida não é útil (citation en portugais). Companhia das Letras, São Paulo, 2020 · trans. trad. maison (du portugais)

La expresión es de Ailton Krenak, no una palabra rara de su lengua: el portugués adiar (aplazar, posponer) es común. Lo que la reabre es el uso que hace de ella —y ante todo el demostrativo que introduce: adiar o fim deste mundo, diferir el fin de este mundo. No el mundo, sino un mundo concreto, el que un único modo de vida ha extendido por el planeta. Procedencia honesta: «diferir el fin del mundo» es aquí un calco casero del francés, señalado como tal; la fórmula, en cambio, es suya (da título a su libro de 2019).

La carencia que llena es real. Nuestra lengua sitúa el fin del mundo en el futuro —una catástrofe que se prevé, se teme, se intenta retrasar. Krenak la desplaza al pasado y al presente: para los pueblos de las Américas, ese fin ya ocurrió. La apocalipsis deja de ser un horizonte para convertirse en un recuerdo, y «diferirla» cambia de sentido: ya no se trata de ganar tiempo ante un colapso venidero, sino de mantener viva la posibilidad de imaginar otro mundo después del que se derrumbó.

En contexto. Krenak no pretende salvar el mundo actual: ese mundo hecho y triste no me interesa en absoluto… no me interesa diferir su fin. Lo que se niega a acelerar es el fin del poder de soñar un mundo justo. Porque entre los suyos, el sueño es una práctica que puede entenderse como un régimen cultural: se cuenta al amanecer lo soñado, y de ahí se orienta el día. Esa fuerza es la que opone al fin —soñar otros sueños para ser acogidos por este mundo y poder habitarlo.

No confundir. Adiar o fim do mundo no es la collapsología: esta estudia un colapso posible de la civilización industrial, para mirarlo de frente y decidir qué hacer con él —el fin sigue siendo un objeto de futuro. Krenak, que ya atravesó una caída, la convirtió en experiencia y se vuelve hacia lo que recomienza. Y es otro gesto distinto a la fruição del mismo autor: saborear la vida se da dentro de una vida; diferir el fin del mundo se da a la escala de los mundos y sus fines.

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