French · Filosofía occidental

Métamorphose

En Emanuele Coccia, la metamorfosis no es un evento raro reservado a unos pocos insectos, sino el régimen ordinario de lo vivo. Una sola y misma vida pasa de forma en forma, de cuerpo en cuerpo, de especie en especie: la oruga y la mariposa, el niño y sus padres, lo vivo y la Tierra comparten una vida única que no cesa de cambiar de ropajes. Esta continuidad material convierte a cada ser en un ensamblaje de historias heterogéneas —«todo ser vivo es una quimera»—. La diferencia de las formas no rompe la unidad de la vida; es su modo de existencia.

Tous les vivants sont, d'une certaine manière, un même corps, une même vie et un même moi qui continue à passer de forme en forme, de sujet en sujet, d'existence en existence.
Emanuele Coccia, Métamorphoses, Partie « Tout vivant est une chimère ». Rivages, 2020

El término encierra una tesis contundente: no hay, por un lado, especies fijas y, por otro, unas pocas excepciones espectaculares en las que una forma se transforma en otra. La metamorfosis está en todas partes, es «el metabolismo más elemental de todo ser vivo». Nacer, comer, morir ya son metamorfosis: en cada caso, una vida abandona una forma para revestir otra. La oruga que se convierte en mariposa no es más que el ejemplo más visible de una ley general —«una misma vida es compartida por dos cuerpos» que no tienen nada en común, ni anatomía, ni mundo, ni modo de vivir.

De ahí surge la fórmula que vertebra el libro: todo ser vivo es una quimera. Coccia la sustenta en la biología de la simbiosis —la célula eucariota nacida de la fusión de linajes muy distantes— para concluir que «toda especie es, en su naturaleza más profunda, una quimera». Cada cuerpo ensambla historias evolutivas que no se parecen; cada vida es el relevo de otras vidas que la precedieron y que prolonga. La continuidad, pues, no es la identidad de una sustancia que permaneciera bajo los cambios, sino el hecho de que una misma vida circule entre formas incompatibles.

Esta continuidad material marca una clara distancia entre Coccia y dos posturas cercanas. El wuhua taoísta también concibe la transformación incesante de los seres, pero sobre el fondo de un Tao impersonal donde ningún «yo» persiste; en Coccia, en cambio, es «un mismo yo» el que pasa de forma en forma, una subjetividad que migra. La reencarnación, por su parte, hace viajar a un sujeto ya constituido —un alma— a través de cuerpos sucesivos que le son ajenos. La metamorfosis ≠ el fondo cósmico sin sujeto del wuhua; tampoco ≠ el tránsito de un viajero intacto de un cuerpo a otro, pues aquí es la materia misma —y no un alma separada— la que se transmite y reconfigura.

← volver al léxico