French · Filosofía occidental

Éthique de la terre

the land ethic

Fórmula mediante la cual Aldo Leopold extiende la comunidad moral más allá de los humanos, hasta los suelos, las aguas, las plantas y los animales —en suma, a la tierra entendida como un todo vivo—. El hombre cambia aquí de estatus: de conquistador que dispone de la tierra, pasa a ser un miembro más entre otros, sujeto como ellos al respeto de la comunidad que lo sustenta. La ética deja de ser un asunto entre humanos para convertirse en una limitación que uno se impone frente al suelo que nos alimenta.

L’éthique de la terre repousse les limites de la communauté pour y inclure les sols, les eaux, les plantes et les animaux ou, collectivement, la terre.
Aldo Leopold, Almanach d'un comté des sables, « L'éthique de la terre ». Éditions Gallmeister, 2024 (trad. française 2022)

Leopold escribe como guardabosques, no como moralista. Su punto de partida es ecológico antes que filosófico: «En ecología, una ética es una limitación de la libertad de acción dentro de la lucha por la vida». Las éticas conocidas regulaban las relaciones entre individuos, luego entre el individuo y la sociedad. Falta una tercera, que regule la relación del ser humano con la tierra. Ese es el vacío que viene a llenar.

El gesto consiste en ampliar el círculo. La cita lo dice sin rodeos: la comunidad ya no se detiene en los humanos, sino que «extiende [s]us límites para incluir los suelos, las aguas, las plantas y los animales». El cambio decisivo no es que se otorguen derechos a la naturaleza, sino que uno mismo se cuente dentro de ella: «una ética de la tierra modifica el papel de homo sapiens, que, de conquistador de la tierra-comunidad, pasa a ser miembro de pleno derecho y ciudadano». El conquistador siempre sabe lo que la tierra debe darle; el miembro, en cambio, ignora en gran parte de qué está hecha la comunidad de la que depende, y es esa ignorancia la que impone el respeto.

La ética de la tierra no es la conservación en sentido económico, que solo protege un medio en la medida de su rendimiento. Leopold se burla de esa contabilidad: se salvaguarda la especie útil y se abandona el resto como «lujo estético», sin ver que las especies sin valor comercial «contribuyeron a formar el suelo». Tampoco es una declaración jurídica de derechos abstractos aplicados uniformemente a todo lo vivo: es una pertenencia sentida, un desplazamiento de la mirada que precede a toda norma. Donde el conquistador suma recursos, el ciudadano de la tierra-comunidad aprende a pensar como una montaña.

← volver al léxico