French · Filosofía occidental

Poser de bonnes questions

El gesto metódico con el que Vinciane Despret invierte la etología: antes que preguntar qué sabe hacer un animal, preguntar si la pregunta que se le hace es la correcta. Una respuesta no existe ya dada en el animal; emerge —o no— según el dispositivo construido para acogerla. Mal interrogado, el animal parece estúpido; bien interrogado, se vuelve capaz. La pregunta, pues, no describe al animal, lo transforma —y transforma también a quien la formula.

L’éthologie nous l’a appris, certaines questions ne peuvent recevoir de réponses que si l’on construit des conditions concrètes, non seulement qui permettent à ces questions d’être posées, mais qui rendent ceux qui les posent sensibles à la réponse, qui les rendent capables de pouvoir la saisir quand elle reçoit la chance d’émerger.
Vinciane Despret, Que diraient les animaux, si on leur posait les bonnes questions ?, « T comme Travail ». La Découverte (Les Empêcheurs de penser en rond), 2012

Todo el libro se condensa en su título, que es una condición más que una promesa: si se les plantearan las preguntas adecuadas. Despret parte de una observación etológica. Los experimentos que concluyen con la estupidez animal casi siempre han formulado mal su pregunta: han encerrado a la paloma, la rata o el mono en un dispositivo donde la única respuesta posible era el fracaso. Cambia el dispositivo, y el animal considerado tonto demuestra ser competente. El defecto no estaba en el animal, sino en la pregunta.

De ahí el giro: una respuesta no preexiste en el animal, esperando a que alguien la lea. Esta «recibe la oportunidad de emerger» solo si se han construido las «condiciones concretas» que la hacen expresable —y que, a su vez, vuelven al investigador «sensible a la respuesta». Cuando Jocelyne Porcher quiere saber si las vacas trabajan, no mide un comportamiento ya existente: modifica su dispositivo, «interroga a las vacas» y así crea la situación en la que el trabajo por fin se hace perceptible. La buena pregunta no describe la realidad, sino que la hace posible. Co-transforma a ambos participantes de la relación.

Plantear buenas preguntas, entonces, no es mostrarse abierto o benevolente con el animal: es un requisito metodológico, que se juzga por lo que logra hacer posible. Tampoco es decidir de antemano de qué es capaz un animal —todo lo contrario: es negarse a cerrar la lista de sus competencias, porque una competencia ignorada suele ser solo una pregunta aún mal formulada. Mientras que el experimento clásico busca medir, este gesto busca ajustar: responde a la misma atención hacia el mundo más-que-humano que la diplomacia de lo vivo.

← volver al léxico