Aymara · Aimara

Ayllu

aymara ; mot partagé avec le quechua

Palabra aymara de los altos Andes (compartida con el quechua), que suele traducirse como «comunidad», pero que el jurista aymara Fernando Huanacuni Mamani considera demasiado reducida para lo que encierra. El *ayllu* no es la sociedad de los humanos: es la «unidad y estructura de vida», la comunidad ampliada donde los animales, los insectos, las plantas, las montañas, el aire, el agua, el sol, los ancestros y «incluso lo que no se ve» tienen su lugar, siendo el humano solo un hilo entre otros. Su consecuencia es tanto lingüística como política: en el *ayllu*, dice Huanacuni, «no hay cabida para el término *recurso*», pues donde todo vive, lo que existe son seres y no objetos.

En el ayllu no hay lugar para el término "recurso", ya que si todo vive, lo que existe son seres y no objetos, y el ser humano no es el único parámetro de vida ni es el rey de la creación.
Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir / Vivir Bien, « Economía comunitaria complementaria » (pp. 53-54). CAOI (Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas), Lima, 2010 · trans. texte original espagnol ; rendu français maison

Ayllu es una de esas palabras que, al traducirse, pierden de inmediato su dimensión. «Comunidad»: la traducción es exacta y engañosa a la vez. Porque para nosotros una comunidad está hecha de humanos —un vecindario, un municipio, un cuerpo social—. Fernando Huanacuni Mamani, quien ha recopilado su significado para una organización indígena andina, advierte que hay que ampliar el término. El ayllu es la «unidad y estructura de vida»: no solo los humanos, sino los animales, los insectos, las plantas, las montañas, el aire, el agua, el sol, los ancestros, «incluso lo que no se ve». El humano es solo una parte, un hilo en el tejido, no el centro desde el que todo se ordena.

De esta amplitud se desprende una consecuencia que Huanacuni señala con claridad: en el ayllu, «no hay lugar para el término recurso». Un recurso es un objeto destinado a un uso; pero lo que vive no es un objeto, sino un ser, y el humano no es «ni la única medida de la vida ni el rey de la creación». Quita ese centro, y la palabra recurso pierde su suelo: deja de designar nada.

Esto es lo que lo separa de nuestras ecologías. Estas se esfuerzan por gestionar mejor un recurso —rendimiento sostenible, capital natural, stocks renovables— y así perfeccionan una contabilidad sin salir de ella. El ayllu no gestiona mejor el recurso: rechaza que lo vivo sea uno. Se dice «según Huanacuni / la CAOI», nunca «los aymaras dicen»: una voz indígena nombrada, respaldada por una organización andina responsable, no la oralidad de un pueblo entero.

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