Maori · Māori

Noa

Palabra maorí: el estado ordinario, libre y seguro, lo opuesto al *tapu*. Según Hirini Moko Mead, voz desde el interior, Ngāti Awa, no es útil pensar el *noa* como lo contrario del *tapu* ni como su ausencia. El *noa* indica que un equilibrio ha vuelto, que una crisis ha pasado, que la salud se ha restablecido y que la vida ha regresado a la normalidad —y, por tanto, que las relaciones se han restaurado. Un *tapu* demasiado elevado es peligroso: el papel de los *tikanga* y los *tohunga* es rebajarlo hasta volverlo *noa*, es decir, seguro. La persona, vuelta a ser *noa*, conserva siempre su *tapu* personal. El *noa* no es la eliminación de lo sagrado, sino el retorno a la medida ordinaria de la vida, que hace posibles de nuevo el contacto y la presencia de los demás.

It is not useful to think of noa as being the opposite of tapu or as the absence of tapu.
Hirini Moko Mead, Tikanga Māori: Living by Māori Values, ch. « Ngā Pūtake o te Tikanga » (The Foundations of Tikanga), section « Noa and ea », p. 32. Huia Publishers, 2003

El noa, escribe Hirini Moko Mead —voz desde el interior, Ngāti Awa—, suele emparejarse con el tapu, como si uno expresara lo opuesto al otro. Pero advierte desde el principio: «No es útil pensar el noa como lo contrario del tapu ni como su ausencia» —no es útil concebir el noa como antítesis del tapu o como su carencia—. Y añade: claramente no es así.

Una persona gravemente enferma, que sangra, se vuelve muy tapu. Cuando esos síntomas que elevan el tapu cesan, recupera un estado seguro —pero conserva su tapu personal. El noa, por tanto, no resta nada sagrado: señala que se ha alcanzado un equilibrio, que una crisis terminó, que la salud regresó y que la vida vuelve a ser normal. Lo que implica, también, que las relaciones se han restablecido. Un tapu demasiado alto se considera peligroso; el papel de los tikanga y los tohunga es reducirlo hasta hacerlo noa, es decir, seguro. El ciclo va de una causa a una respuesta —el utu—, y luego al retorno del equilibrio.

El noa, pues, no es la anulación ni la pérdida del tapu, su contrario o su vacío. Es el estado ordinario recobrado, la mesura devuelta a la vida, donde se puede volver a acercarse, tocar, compartir —sin que lo sagrado haya desaparecido, sino retornado a un nivel que no pone a nadie en riesgo—.

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