Amour-propre
En Rousseau, el *amor propio* es un sentimiento relativo, artificial y nacido en la sociedad, que lleva a cada individuo a valorarse más que a cualquier otro. Surge de la comparación: en cuanto los hombres viven juntos, cada uno se mide, quiere ser notado, preferido, estimado, y extrae su propio valor de la mirada ajena. Ausente en el estado de naturaleza, es el eje del *Discurso*: de este giro del amor de sí al *amor propio* nace la desigualdad moral, con el séquito de males que los hombres se infligen mutuamente.
L’amour-propre n’est qu’un sentiment relatif, factice et né dans la société, qui porte chaque individu à faire plus cas de soi que de tout autre, qui inspire aux hommes tous les maux qu’ils se font mutuellement et qui est la véritable source de l’honneur.
El amor propio es la pasión central del Discurso. Sentimiento «artificial y nacido en la sociedad», no existe en el hombre originario: «en nuestro estado primitivo, en el verdadero estado de naturaleza, el amor propio no existe». Y con razón: es «un sentimiento que nace de las comparaciones», algo que el salvaje —que se considera el único espectador de su vida— no está en condiciones de hacer. Hace falta la vida en común, la vecindad de las miradas, para que germine.
Su mecanismo es el de la comparación. «Es la razón la que engendra el amor propio, y es la reflexión la que lo fortalece»: en cuanto uno se mide con los demás, quiere valer más que ellos; «Ser y parecer se convirtieron en dos cosas completamente distintas», y de esta escisión entre el ser y el parecer surgen el fasto, el engaño, los celos. El hombre deja de vivir en sí mismo para vivir en la opinión ajena, tomando incluso el sentimiento de su propia existencia del juicio de los otros.
A distinguir del amor de sí mismo, con el que Rousseau prohíbe expresamente confundirlo. El amor de sí mismo es natural, absoluto, orientado a la conservación; el amor propio es artificial, relativo, orientado a la primacía. Uno quiere vivir, el otro quiere sobresalir. Toda la antropología del Discurso se sostiene en este desplazamiento: la desigualdad entre los hombres no nace de un vicio original, sino de esta pasión tardía en la que el valor de uno mismo se mide por la mirada de los demás.