Latin · Filosofía occidental

Contentement de soi (acquiescentia in se ipso)

acquiescentia in se ipso

En Spinoza, el contentamiento de sí es una alegría nacida de la consideración que el hombre hace de sí mismo y de su *potencia de obrar*. No es un sentimiento vago de satisfacción: es un afecto activo, producido por la sola razón, que surge cada vez que el alma se conoce adecuadamente —es decir, ve con claridad lo que se sigue de su propia potencia—. Ese contentamiento es el mayor posible, y es estable.

Le Contentement de soi est une Joie née de ce que l'homme se considère lui-même et sa puissance d'agir.
Baruch Spinoza, Éthique, Livre III, Définition des affections, XXV. Garnier Frères, 1913 · trans. Charles Appuhn · source

El latín acquiescentia in se ipso —literalmente «reposo en uno mismo»— designa en Spinoza un afecto preciso entre las definiciones de las afecciones del Libro III. No es la calma muerta del desapego ni la satisfacción difusa de haber «vivido bien el día». Es una alegría desencadenada por un objeto singular: la potencia de obrar del hombre, vista por él con claridad.

La Proposición 52 del Libro IV plantea la distinción decisiva: este contento puede surgir ya sea de la razón, ya sea de la mera opinión de la multitud. En el segundo caso, se desvanece con los aplausos —es la vanagloria, gloria vana. En el primero, se funda en la percepción adecuada de la propia potencia, independientemente de la mirada ajena; es entonces «el mayor posible» y no puede ser perturbado por causa externa alguna.

La demostración de Spinoza es rigurosa: la verdadera potencia de obrar del hombre es la razón; cuando el hombre se considera a sí mismo con claridad y distinción, no percibe sino lo que se sigue de esa potencia; por tanto, el contento que de ahí nace es enteramente activo —un acto de conocimiento, no una pasión padecida. Este contento interior, señala aún el Libro IV, es «el objeto supremo de nuestra esperanza».

Contento de sí ≠ soberbia (superbia). La soberbia es también un contento de sí —pero alimentado por la imaginación, no por la razón: el hombre se hace allí «más caso del que es justo». La diferencia no es de grado, sino de naturaleza: la soberbia se infla porque ignora los límites reales de su potencia; el contento fundado en la razón ve esos límites y, no obstante, no deja de expandirse, pues lo que percibe adecuadamente ya es suficiente. Uno depende de la mirada ajena y se encoge con ella; el otro solo depende del acto mismo de conocimiento.

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