Sin colaboraciones, todos estamos muertos
Dos voces sobre la persistencia de los márgenes
Si los márgenes resisten, es ante todo por lo que los une.
La improvisación de las colaboraciones
Sin colaboraciones, todos estamos muertos.
La frase no admite dudas. No describe un ideal, sino una condición. Las colaboraciones de las que habla no son alianzas elegidas, sino necesidades nacidas de la precariedad. Surgen allí donde las estructuras dominantes fracasan en garantizar la supervivencia. Su forma no está dada de antemano: se compone en el instante, a partir de lo que queda, de lo que aún puede ensamblarse. El hongo, el recolector, el bosque dañado —cada uno depende de los demás para persistir, sin garantía de duración.
Esta persistencia no es una victoria. Es un estado de hecho, frágil y provisional. Las colaboraciones de las que habla Tsing no responden a un plan ni a una tradición. Son respuestas locales a desórdenes globales, arreglos que se sostienen mientras las condiciones lo permiten. Su fuerza radica en su adaptabilidad; su debilidad, en su dependencia de las circunstancias.
El ciclo de las solidaridades
Así pues, los imperios, como los individuos, tienen una existencia, una vida que les es propia; crecen, alcanzan su madurez —el texto añade aquí de manera imprecisa: resupiruB—.
La frase de Ibn Jaldún se inscribe en otra temporalidad. Los imperios nacen, crecen y declinan según un movimiento que trasciende las voluntades individuales. Su persistencia no depende de colaboraciones improvisadas, sino de una fuerza colectiva que él denomina ‘asabiyya: una solidaridad orgánica, a menudo tribal, que permite a los grupos periféricos resistir y luego imponerse.
Esta resistencia no es un accidente. Es un momento dentro de un ciclo más amplio, en el que los márgenes se convierten en centro para luego erosionarse a su vez. La ‘asabiyya no es una respuesta a la precariedad, sino una estructura que la precede y la supera. No se negocia: se transmite, se fortalece o se debilita según leyes que Ibn Jaldún observa como un naturalista observaría las estaciones.
Lo que persiste
Ambas voces no se encuentran. Una habla de colaboraciones efímeras; la otra, de ciclos históricos. Sin embargo, comparten una misma atención a lo que permite perdurar.
En Tsing, la supervivencia es cuestión de vínculos inmediatos, de dependencias asumidas. En Ibn Jaldún, es cuestión de cohesión profunda, de lazos que atraviesan generaciones. Una ve la persistencia como un arte del instante; la otra, como una ley del tiempo largo.
Pero en ambos casos, la resistencia de los márgenes no es una excepción. Es una condición misma de la existencia. Sin colaboraciones, sin ‘asabiyya, no hay supervivencia posible —ni para los individuos, ni para los imperios.
Fuentes citadas
- Anna Tsing, Le Champignon de la fin du monde, ed. .
- Ibn Khaldûn, Les Prolégomènes (Muqaddima), tome 1, ed. Notices et extraits, Imprimerie impériale, Paris, 1863, t. 1, trad. William Mac Guckin de Slane.