Dar su fuerza sin perderla

Luis Dunu Jiménez Dësi, cazador y sanador matsés, describe un mundo donde la energía vital es una materia que se sopla de un cuerpo a otro —y quien da mucho a quien tiene poco no pierde nada de la suya.

Dar su fuerza sin perderla
Artista(s) cupisnique — Botella con caimán (1000–800 a.C.). Metropolitan Museum of Art, CC0 / dominio público.

Para transmitir su fuerza a otro, el hombre matsés le sopla tabaco por la nariz. El gesto es preciso, casi médico: un polvo de tabaco insuflado por la fosa nasal, o el veneno de un sapo aplicado sobre la piel, y algo pasa —no un saber, ni una bendición, sino energía, en el sentido más concreto. Quien la recibe caza mejor, trabaja más, apunta con mayor tino. Luis Dunu Jiménez Dësi, cazador y sanador de la comunidad de Ibama, nacido en la selva entre dos ríos, confió al recopilatorio El ojo verde —donde amazónicos exponen ellos mismos el pensamiento de su pueblo— la forma de este mundo donde la fuerza es una materia que circula.

español

Mi nombre es Dunu. Yo nací en Brasil, en la selva entre el río Pardo y el río Yavarí.

español

Mi nombre es Dunu. Nací en Brasil, en la selva, entre el río Pardo y el río Yavarí.

Luis Dunu Jiménez Dësi, El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas , libro El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas  — ed. según la traducción francesa de la edición FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ ed. 2025, trad. viasophia

Esta energía no es una metáfora. Pertenece al espíritu, dice Dunu —las personas tienen una energía que forma parte de su espíritu— y, lo más extraño, se desplaza: se transmite a otra persona soplándole tabaco en polvo por la nariz, o aplicándole el veneno del sapo. Cuando un buen cazador comparte la suya con otros hombres, estos ganan coraje, vigor para trabajar y cazar, destreza. La fuerza no permanece encerrada en un cuerpo como un talento: se presta, se transfunde.

Y no es de una sola clase. El mundo de Dunu distingue dos, a las que nombra.

español

Dayac es energía para ser activo y buen trabajador, y ambos, mujeres y hombres, tienen dayac. Sinan es energía de chamán, guerrero y cazador.

español

El dayac es la energía para ser activo y buen trabajador, y todos, mujeres y hombres, tienen dayac. El sinan es la energía del chamán, del guerrero y del cazador.

Luis Dunu Jiménez Dësi, El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas , libro El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas  — ed. según la traducción francesa de la edición FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ ed. 2025, trad. viasophia

El dayac es la energía ordinaria, la del trabajo bien hecho —con ella se tejen mejor las hamacas y los adornos, se persevera en la tarea; todos la poseen. El sinan es la energía elevada, la de quien trata con lo invisible y el peligro: el chamán, el guerrero, el cazador. La lengua no confunde el vigor del esfuerzo con el poder de quien ve; nosotros, que decimos «energía» para ambas, hemos perdido esa distinción.

Queda el rasgo por el que esta energía desbarata todo lo que la palabra evoca para nosotros. No se gasta.

español

Los que tienen mucha energía la pasan a los que tienen menos energía. Pueden pasarle a otro su energía sin que disminuya su propia energía.

español

Quienes tienen mucha energía la pasan a quienes tienen menos. Pueden pasársela a otro sin que la suya disminuya.

Luis Dunu Jiménez Dësi, El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas , libro El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas  — ed. según la traducción francesa de la edición FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ ed. 2025, trad. viasophia

Quien da no pierde nada. El receptor se engrandece, y el dador permanece pleno. Solo hay una manera de ver menguar la propia fuerza: dejar que alguien más débil nos sople a su vez el tabaco —entonces la nuestra desciende hacia la suya. La dirección importa, el don no cuesta. No es un capital que se agote al compartirlo; es una crecida que inunda ambas orillas, siempre que fluya de lo alto hacia lo bajo.

Ahí es donde la palabra matsés deshace la nuestra. Nuestra «energía» proviene de la física: una cantidad que se conserva, que se transfiere perdiendo exactamente lo que el otro gana —un juego de suma cero. Decimos «no me queda energía», la «gastamos», nos «recargamos»: siempre un depósito finito, que dar agota. El sinan obedece a otra contabilidad, donde dar no resta. Tampoco es el don ceremonial, el minidewak que se está obligado a hacer circular —pues aquí nada obliga, y nada se cede. Lo más cercano, entre nosotros, sería el aliento, el qi de los chinos, que se gana despojándose en lugar de acumular; pero Dunu no adquiere el suyo vaciándose —lo conserva al darlo. La pregunta que su mundo plantea al nuestro no es si la fuerza es limitada. Es si alguna vez nos empobrecemos al hacer fuertes a los demás.

Fuentes citadas

  • Luis Dunu Jiménez Dësi, El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas, ed. FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ éd. corrigée et augmentée, 2025 (1ʳᵉ éd. 2000), trad. texte original en espagnol (cosmovision recueillie auprès de la voix matsés) ; rendu français maison.