French · Filosofía occidental

Fétichisme de la marchandise

Concepto forjado por Marx en el primer capítulo de *El Capital*. En una sociedad que produce para el intercambio, las relaciones sociales entre los hombres —quién trabaja, para quién, en qué condiciones— adoptan la apariencia de relaciones entre las cosas: una mercancía «vale» otra como si el valor fuera una de sus propiedades físicas. Marx toma prestado el término «fetichismo» de la ciencia de las religiones de su época para nombrar esta inversión, donde los productos de la mano humana se alzan frente a su productor como potencias autónomas. A diferencia de las sabidurías antiguas, que sitúan el desorden de los bienes en el alma que los codicia, el fetichismo marxiano es objetivo: radica en la forma social de la cosa, no en la pasión del sujeto, y no se disuelve, por tanto, con la sola disciplina del deseo.

C’est ce qu’on peut nommer le fétichisme attaché aux produits du travail, dès qu’ils se présentent comme des marchandises, fétichisme inséparable de ce mode de production.
Karl Marx, Le Capital, Livre I, Section I, ch. premier, § 4 (Le caractère fétiche de la marchandise et son secret). Maurice Lachâtre, 1872 · trans. Joseph Roy · source

El término «fetiche» proviene del portugués feitiço («hechizo, objeto encantado»), a su vez derivado del latín facticius, «fabricado, artificial». La ironía es precisa: el fetiche es el objeto que el ser humano moldea con sus propias manos para luego servirlo como si su poder emanara de sí mismo. Marx aplica este esquema a la mercancía, pero desplazando radicalmente su centro.

Mientras el estoico o el epicúreo sitúan el hechizo de las riquezas en el juicio de quien desea —y lo remedian con una ascesis del deseo—, Marx lo ubica en la forma misma del valor. La «forma fantástica» de la que habla no es un error de percepción ni un exceso de avaricia: es el modo en que una producción mercantil hace aparecer, de manera permanente, lo social como si fuera material. Así, se puede haber extinguido en uno todo anhelo sin que el fetiche se resienta. Esto es lo que separa la crítica de Marx de una mera moral del desapego: no pide mirar mejor las cosas, sino que describe lo que las cosas hacen a las relaciones humanas.

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