French · Filosofía occidental

Atterrir

En Bruno Latour, « aterrizar » nombra un gesto político: renunciar a los dos polos que magnetizaban la modernidad —el Global (el horizonte infinito de la globalización) y el Local (el suelo-refugio, la identidad cerrada)— para volverse hacia un tercer atractor, lo Terrestre. Lo Terrestre no es «la naturaleza» contemplada desde lejos: es la delgada zona donde la vida es posible, poblada de agentes que reaccionan a nuestros actos. Orientarse en este paisaje, y hallar dónde uno se posa y con quién acepta cohabitar, eso es lo que significa aterrizar.

En effet, de façon surprenante, tout ce qu'il s'agit de connaître de ce troisième attracteur, le Terrestre, se limite, vu de l'espace, à une minuscule zone de quelques kilomètres d'épaisseur entre l'atmosphère et les roches mères. Une pellicule, un vernis, une peau, quelques couches infiniment plissées.
Bruno Latour, Où atterrir ?, Section sur la Zone Critique et le troisième attracteur. La Découverte, 2017

Latour parte de una desorientación: los modernos ya no saben hacia qué dirigir sus vidas públicas. «Para resistir a esta pérdida de orientación común, habrá que aterrizar en algún lugar». Aterrizar, pues, no es un retroceso, sino saber cómo orientarse en un paisaje donde dos brújulas antiguas —el Global y el Local— han dejado de señalar un rumbo habitable.

El suelo sobre el que posarse es lo Terrestre. Y la sorpresa que destaca Latour es su estrechez: todo lo que nos concierne cabe en una «mínima Zona Crítica», unos pocos kilómetros entre la atmósfera y la roca —«una película, un barniz, una piel»—. Solemos exaltarnos ante la inmensidad del universo; sin embargo, nada de esa inmensidad nos cobija. Lo Terrestre no es el Globo visto desde Sirio ni el planeta astronómico: es la fina capa viva, y la única habitable.

Su diferencia con «la naturaleza» es decisiva. El Global, dice Latour, capta las cosas «desde lejos», como indiferentes a los humanos; lo Terrestre las capta «vistas de cerca», sensibles a nuestros actos «a los que responden con viveza». La Tierra no es un decorado inerte: responde. Es el mismo giro que la intrusión de Gaia en Stengers —un poder que reacciona y nos recuerda nuestra dependencia— y la misma densidad de agentes que en un mundo más que humano. Ante el colapso que cartografía la colapsología, aterrizar es la respuesta política: no huir, sino posarse.

Aterrizar ≠ volver al Local: el Local-refugio promete «la seguridad de un espacio protegido», pero deriva hacia «la homogeneidad étnica, la patrimonialización, el historicismo, la nostalgia», mientras que «lo Terrestre está hecho para diferenciarse al abrirse». Lo Terrestre ≠ «la naturaleza» como objeto: no permite el desapego, porque reacciona a lo que le hacemos. Y «aterrizar es, forzosamente, aterrizar en algún lugar»: no sobrevolar la Tierra, sino declarar dónde uno se posa y con quién acepta cohabitar.

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