Habitar un territorio en vías de desaparición: precariedad y resiliencia oceánica
Dos voces para una supervivencia sin fronteras
Un territorio en vías de desaparición no es un lugar vacío. Lo atraviesan fuerzas que lo deshacen y otras que lo recomponen. Dos voces se alzan para hablar de él: una desde las ruinas del capitalismo, la otra desde el mar-océano. No se responden directamente, pero su distancia misma traza una tensión donde se juega algo de la supervivencia.
La precariedad como terreno fértil
Una de las razones para tener presente la precariedad es que nos recuerda que cambiar según las circunstancias es el terreno fértil de la supervivencia.
La precariedad no es aquí un estado pasivo. Es lo que obliga a transformarse, a adaptarse a las circunstancias sin someterse a ellas. Tsing no describe un mundo donde se sufre, sino uno donde se compone con lo que queda, donde se cultivan formas de vida en los intersticios. El terreno fértil no es un suelo estable, sino una mezcla de escombros, esporas, fragmentos que, juntos, permiten que brote algo nuevo.
Esta visión no idealiza la precariedad. La convierte en condición, no en destino. Cambiar según las circunstancias no es sumisión, sino una manera de mantenerse en pie allí donde las estructuras se derrumban. La supervivencia no es cuestión de resistencia pura, sino de adaptación continua —una danza con lo que se deshace.
El océano como espacio de conexión
unadeterminacióneconómicaygeográficaqueignoralaculturaylahistoria, losprocesoscontemporáneosdeconsultoríadeexpertos, agenciasdedesarrolloregionaleinternacional, planificadoresburocráticosylímitesfronterizosqueyaexistíanmuchoantesdelaapoteosisdeCook.
Hauʻofa rechaza los relatos que reducen las islas a espacios marginales, determinados por fronteras económicas o geográficas. Para él, el mar no es un límite, sino un espacio de circulación, memoria y soberanía. Las islas no son puntos aislados, sino nudos en una red oceánica donde se tejen relaciones que preceden y superan las categorías impuestas por expertos, planificadores y agencias de desarrollo.
Lo que está en juego aquí es otra forma de pensar el territorio. El océano no es un vacío entre tierras, sino un medio vivo, un espacio de conexión más que de separación. Las fronteras de las que habla Hauʻofa no son naturales: fueron trazadas por historias de dominación, relatos que congelaron a las islas en una posición de dependencia. Frente a esto, propone una visión donde el mar une en lugar de aislar.
Dos formas de desaparecer, dos formas de resistir
Estas dos voces no hablan de los mismos lugares, pero comparten una misma atención a las fuerzas que emergen allí donde las estructuras flaquean. Tsing observa la precariedad como terreno fértil; Hauʻofa, el océano como espacio de conexión. Una trabaja con las ruinas, el otro con los flujos.
Sin embargo, algo en común se perfila: ni una ni otro se resignan a la desaparición. La precariedad no es una fatalidad, sino una condición desde la cual se inventa. El océano no es una frontera, sino un medio donde se circula, donde se reapropia lo impuesto.
Lo que emerge de los intersticios
Si seguimos estas dos voces, habitar un territorio en vías de desaparición no es solo cuestión de resistencia o adaptación. Es también una cuestión de mirada: ver en las ruinas posibilidades, en los flujos conexiones, en las fronteras espacios por reinventar.
La precariedad se convierte en terreno fértil cuando se acepta cambiar con las circunstancias. El océano deviene espacio de soberanía cuando se rechaza pensarlo como límite. Ni una ni otro ofrecen soluciones, sino formas de sostenerse —maneras que no separan la supervivencia de la transformación.
Fuentes citadas
- Anna Tsing, Le Champignon de la fin du monde, ed. .
- Epeli Hauʻofa, Our Sea Of Islands, ed. A New Oceania: Rediscovering Our Sea of Islands, University of the South Pacific, Suva, 1993, p. 12-13 ; repris dans The Contemporary Pacific 6/1, 1994, trad. texte original anglais ; rendu français maison.