El lenguaje como emanación viva de la Tierra
Voces de los no humanos y reciprocidad sensorial
Percepción y sueño. Dos formas de concebir lo que el mundo nos dirige, dos maneras de responder a una palabra que no es primero nuestra. Una se aferra a los ritmos, a los tonos, a las texturas; la otra, a los espíritus que se llevan consigo la imagen del soñador. Estas voces no se confunden, pero comparten una misma exigencia: la de una escucha que precede a toda interpretación.
La sintonía de los ritmos
La percepción, en este sentido, es un ajuste o sincronización entre mis propios ritmos y los ritmos de las cosas mismas, sus tonos y texturas:
La percepción, aquí, no es una recepción pasiva. Es un acomodo, una sincronización entre nuestros propios movimientos y los de las cosas. El viento entre las hojas, el grano de una corteza bajo los dedos, la luz que declina en el horizonte —estos fenómenos no son objetos inertes, sino presencias que imponen su tempo. Acompasarse a ellos es reconocer que el mundo sensible tiene su propia voz, sus propias modulaciones. Esta escucha no es metafórica: involucra al cuerpo entero, sus ritmos respiratorios, su manera de moverse.
Abram no habla de una fusión indistinta, sino de un encuentro donde cada cual conserva su singularidad. Los “tonos y texturas” de las cosas no se disuelven en una subjetividad humana; persisten como una alteridad con la que se trata de componer. La percepción se vuelve entonces un diálogo, una respuesta a lo que nos precede y nos excede.
La imagen llevada por los espíritus
El sueño chamánico (el «valor de sueño de los espíritus», xapiri pë në mari) ocurre cuando los espíritus xapiri viajan llevándose consigo la imagen del soñador.
Aquí, la palabra del mundo no es solo cuestión de ritmos o texturas. Es portada por espíritus, los xapiri, que toman consigo la imagen del soñador para transportarla a otro lugar. El sueño no es una producción individual, sino un viaje compartido, una expedición donde el humano ya no es el centro, sino un pasajero. Los espíritus no se limitan a “representar” el mundo; lo habitan, lo atraviesan y revelan dimensiones inaccesibles para una percepción ordinaria.
Kopenawa no describe una teoría, sino una experiencia vivida, donde el límite entre el soñador y lo soñado se desvanece. La imagen del soñador no es una proyección mental, sino una entidad concreta, arrastrada por fuerzas que la superan. Esta palabra chamánica exige una escucha ritual, una disposición a lo que viene de otro lugar, sin intentar domesticarlo.
Distinguir antes de converger
Estas dos voces no se superponen. Abram habla de una sincronización con los ritmos sensibles, una escucha que se arraiga en el cuerpo y sus percepciones. Kopenawa, en cambio, describe una palabra portada por espíritus, una experiencia donde el humano es desplazado, llevado más allá de sí mismo. Uno se aferra a lo inmediatamente perceptible; el otro, a lo que se revela en el sueño y el ritual.
Sin embargo, una misma tensión las atraviesa: la de una escucha que no es primero interpretación, sino respuesta. En Abram, esta respuesta pasa por el ajuste de los ritmos; en Kopenawa, por la sumisión a fuerzas invisibles. En ambos casos, no se trata de comprender el mundo, sino de acomodarse a él, dejarse transformar por lo que nos acontece.
La Tierra como emanación viva
Si el lenguaje es una emanación de la Tierra, no se reduce ni a una gramática humana ni a una simbólica abstracta. Es, ante todo, una presencia, una voz que se manifiesta a través de los elementos, los espíritus, los ritmos. Abram y Kopenawa nos proponen dos maneras de escucharla: uno por los sentidos, el otro por el sueño. Pero en ambos casos, esta escucha exige reciprocidad. El mundo no se entrega a quien busca dominarlo; se revela a quien acepta dejarse llevar por él.
Esta reciprocidad no es fusión, sino relación. Los ritmos de las cosas, los espíritus viajeros: son fuerzas que nos preceden y a las que respondemos. El lenguaje, entonces, ya no es una herramienta, sino una danza —una manera de moverse con lo que nos rodea, sin pretender reducirlo.
Fuentes citadas
- David Abram, The Spell of the Sensuous, ed. .
- Davi Kopenawa, La Chute du ciel, ed. Plon, coll. Terre humaine, 2010, trad. Bruce Albert (propos yanomami recueillis et traduits).