La libertad como relación, no como aislamiento

Tres vías para escapar del individualismo moderno

La libertad como relación, no como aislamiento
David Lally — Árbol y pedregal, Dovedale - geograph.org.uk - 701733. Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

La libertad se debate siempre entre dos escollos: la ilusión de un sujeto soberano, desvinculado de todo, y la disolución de ese mismo sujeto en un orden que lo trasciende. Tres pensamientos, tres rechazos al individualismo moderno, tres maneras de concebir la libertad como relación. Pero ¿relación con qué? Con uno mismo, con el mundo o con los demás mientras escriben su historia. Cada una de estas vías ofrece una respuesta distinta, antes de que se dibuje, quizá, una cima común.

Epicteto: la libertad por el desapego de las representaciones

Epicteto no habla de libertad, sino de fuerza interior. Esta fuerza no reside en la acumulación de bienes o poder, sino en la capacidad de distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. El sujeto no es un átomo aislado, sino un espacio donde se ejerce esa distinción. La libertad, aquí, es una operación del espíritu: consiste en no dejarse alienar por lo que escapa a nuestro dominio.

No era la fama, ni la riqueza, ni el poder; era su fuerza interior, es decir, sus convicciones sobre lo que depende de nosotros y lo que no.

Épictète, Entretiens (recueillis par Arrien)  — ed. según la traducción francesa de Victor Courdaveaux (1862), trad. viasophia

La relación, en esta perspectiva, es ante todo una relación consigo mismo. El mundo exterior —fama, riqueza, poder— no se niega, sino que se relega a lo que no depende de nosotros. La libertad se ejerce en el intervalo entre lo que es nuestro (nuestros juicios, nuestros deseos) y lo que no lo es. No es un estado, sino un trabajo constante de selección, una disciplina de las representaciones. El sujeto no es un amo absoluto, sino un guardián de sus propios límites.

Esta libertad no es solitaria en el sentido de ignorar a los demás. Lo es en cuanto rechaza dejarse definir por ellos. La fama, por ejemplo, es un engaño: depende de los juicios ajenos, es decir, de lo que escapa a nuestro control. La libertad epictetiana es una relación negativa con el mundo: se conquista desprendiéndose de lo que no somos, para centrarse mejor en lo que sí.

Spinoza: la libertad como participación en lo eterno

Spinoza tampoco habla de libertad en términos de aislamiento. Para él, el alma no es una sustancia cerrada, sino parte de un todo. La libertad no es una conquista individual, sino el reconocimiento de una pertenencia. Surge cuando el alma se comprende a sí misma por la naturaleza de Dios, es decir, como una verdad eterna.

DEMOSTRACIÓN Este Amor intelectual se sigue necesariamente de la naturaleza del Alma en cuanto se la considera a sí misma, por la naturaleza de Dios, como una verdad eterna (Prop.

Baruch Spinoza, Ética  — ed. según la traducción francesa de Charles Appuhn (1913), trad. viasophia

La relación, aquí, es ontológica. El alma no es un sujeto autónomo, sino un modo de la sustancia divina. La libertad no consiste en desprenderse del mundo, sino en inscribirse en él como parte necesaria. No es un acto de voluntad, sino una demostración: se deriva de la naturaleza misma del alma, en cuanto se comprende como eterna.

A diferencia de Epicteto, Spinoza no propone una distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no. Todo depende de Dios, y el alma, en cuanto participa de esa necesidad, es libre. La libertad no es un rechazo del mundo, sino una comprensión de su lugar en él. No es un dominio, sino una adhesión al orden de las cosas.

Esta libertad es relacional en el sentido más radical: es imposible sin el reconocimiento de un todo que la trasciende. El sujeto no es un individuo, sino un modo de la sustancia. Su libertad no es una propiedad, sino una consecuencia de su naturaleza.

Mbembe: la libertad como reinvención colectiva

Mbembe no habla de libertad en términos metafísicos, sino históricos. La libertad no es cuestión de desapego o pertenencia, sino de diferencia y autodeterminación. No se conquista en el aislamiento, sino en la reinvención de los vínculos que estructuran una comunidad.

Diferencia y autodeterminación Liberalismo y pesimismo racial 121 ¿Un hombre como los demás?

Achille Mbembe, Critique de la raison nègre  — ed. , trad. viasophia

La relación, aquí, es política. La libertad no es asunto de representaciones o de participación en un todo, sino de capacidad para definir los términos de la propia existencia. Mbembe interroga las condiciones de esa autodeterminación: ¿cómo puede un sujeto liberarse de las categorías que lo niegan? La libertad no es un estado, sino un proceso, una lucha por redefinir los límites de lo humano.

A diferencia de Epicteto, Mbembe no propone desprenderse del mundo, sino transformarlo. A diferencia de Spinoza, no busca inscribirse en un orden eterno, sino inventar uno nuevo. La libertad no es cuestión de verdad, sino de historia: se juega en la acción colectiva, en la reescritura de los relatos que determinan lo posible.

Esta libertad es relacional en cuanto supone una comunidad en movimiento. No es una propiedad individual, sino una capacidad colectiva para redefinir los términos de la relación. El sujeto no es dueño de sus representaciones, ni parte de un todo, sino actor de una historia en construcción.

Tres rechazos al aislamiento, tres relaciones con el mundo

Estos tres pensamientos repudian el individualismo moderno, pero lo hacen de maneras radicalmente distintas. Para Epicteto, la libertad es una separación: consiste en distinguir lo que es nuestro de lo que no lo es. Para Spinoza, es una participación: emerge del reconocimiento de una pertenencia a un todo. Para Mbembe, es una reinvención: supone la transformación de los vínculos que estructuran una comunidad.

Cada una de estas vías propone una relación específica con el mundo:

  • Epicteto: una relación negativa, basada en el desapego.
  • Spinoza: una relación ontológica, basada en la pertenencia.
  • Mbembe: una relación histórica, basada en la transformación.

Estas diferencias no son matices, sino oposiciones fundamentales. Sin embargo, convergen en un punto: la libertad no es aislamiento. Siempre es una relación —con uno mismo, con el mundo o con los demás.

La cima común: la libertad como trabajo

Si estos tres pensamientos se oponen, comparten una misma desconfianza hacia la ilusión de un sujeto soberano, desvinculado de todo. Para Epicteto, la libertad es un trabajo sobre sí mismo. Para Spinoza, es una demostración de su lugar en el orden de las cosas. Para Mbembe, es una lucha por redefinir los términos de la propia existencia.

En los tres casos, la libertad no es un dato, sino un trabajo. No es una propiedad, sino una práctica. No es un estado, sino un proceso.

Este trabajo adopta formas distintas:

  • Epicteto: un trabajo de distinción (lo que depende de nosotros / lo que no).
  • Spinoza: un trabajo de comprensión (el alma como verdad eterna).
  • Mbembe: un trabajo de reinvención (la autodeterminación como lucha).

Pero en los tres casos, la libertad es una relación —nunca un aislamiento. Siempre supone un vínculo: con uno mismo, con el mundo o con los demás. Nunca es un fin en sí misma, sino un medio para situarse en el mundo.

Conclusión: tres vías para una misma pregunta

La libertad no es una cuestión abstracta. Siempre es una pregunta concreta: ¿cómo situarse en el mundo? Epicteto responde con el desapego. Spinoza, con la pertenencia. Mbembe, con la transformación.

Estas respuestas no son compatibles, pero plantean la misma pregunta: ¿cómo escapar del aislamiento sin perderse en un todo? ¿Cómo ser libre sin estar solo?

La respuesta, quizá, está en el trabajo que propone cada uno de estos pensamientos. Un trabajo nunca acabado, siempre en curso. Un trabajo nunca solitario, siempre relacional.

Fuentes citadas

  • Épictète, Entretiens (recueillis par Arrien), ed. , trad. Victor Courdaveaux (1862).
  • Baruch Spinoza, Éthique, ed. , trad. Charles Appuhn (1913).
  • Achille Mbembe, Critique de la raison n gre, ed. .