Laicización
Una palabra italiana que finge desacralizar el lenguaje mientras santifica su propio poder. Tras la aparente neutralidad de la «laicización» se esconde un tabú lingüístico: la imposibilidad de nombrar crudamente lo que atañe a lo sagrado. El mapa translingüe revela ese mismo gesto de desviación, donde lo político y lo religioso se entrelazan bajo la cobertura de una naturalización.
La laicizzazione se presenta como un término técnico, casi inofensivo. Sin embargo, en italiano no describe solo un proceso histórico o jurídico: opera un deslizamiento semántico en el que lo sagrado es negado y preservado a la vez. La palabra, nacida al calor de las luchas por la secularización, se convierte en un instrumento de poder lingüístico que, bajo una apariencia de neutralidad, oculta lo que pretende desvelar. Calvino, en Una pietra sopra, la convierte en síntoma de una lengua que se miente a sí misma.
El sentido bajo la palabra
El término laicizzazione hunde sus raíces en laicus, vocablo latino tomado del griego laïkós (λαϊκός), que significa «del pueblo», en oposición a klērikós (κληρικός), «del clero». En origen, designa la acción de hacer laico, es decir, de sustraer un ámbito (educación, instituciones, lenguaje) a la influencia directa de la Iglesia. Pero en el italiano moderno, la palabra trasciende esta acepción técnica: encarna una estrategia de desviación, donde la laicidad se convierte en biombo para evitar nombrar lo que incomoda.
La genealogía del deslizamiento
El mecanismo es sutil: laicizzazione no se limita a describir un traspaso de poder de lo religioso a lo civil. Eufemiza ese traspaso, volviéndolo aceptable al naturalizarlo. Calvino, en L’antilingua, señala este juego de manos lingüístico:
C’è un atteggiamento diciamo di «laicizzazione»
La cita desvela el ardid: la palabra no habla de desacralización, sino de laicización, como si lo sagrado pudiera diluirse en una neutralidad administrativa. Lo oculto es doble: por un lado, el tabú de nombrar lo religioso como fuerza aún activa; por otro, lo sagrado mismo, reducido a una categoría obsoleta que se evacúa mediante el lenguaje. El desvío es político: permite al Estado italiano posunitario construir su legitimidad borrando las huellas de su herencia clerical, al tiempo que conserva una deferencia implícita hacia ella.
El mismo velo, de una lengua a otra
Este gesto no es exclusivo del italiano. Otras lenguas atestiguan la misma intersección: un desvío eufemístico que naturaliza un tabú sagrado bajo la cobertura de la neutralidad. La tabla siguiente traza su mapa, con fuentes en cada ámbito lingüístico.
| Langue | Forme du mot | Attestation |
|---|---|---|
| francés | laïcisation | ○ |
| inglés | secularization | ○ |
| alemán | Säkularisierung | ○ |
| español | secularización | ○ |
| italiano | laicizzazione | ● |
| ruso | секуляризация sekulyarizatsiya | ○ |
| turco | laikleşme | ○ |
| chino | 世俗化 shìsúhuà | ○ |
Misma naturaleza (eufemizar y naturalizar) y mismo objeto (tabú lingüístico y sagrado) atestiguados por una fuente nativa en italiano. Lagunas de documentación (no ausencia) en francés, inglés, alemán, español, ruso, turco y chino.
attesté par un dévoileur natif · lacune (non encore sourcé) — jamais « absent »
En francés, el término laïcisation sigue una trayectoria similar, aunque con un matiz: suele emplearse para designar la separación (leyes de 1905) más que la neutralización de lo sagrado. No obstante, como muestra la cita aportada, la palabra también sirve para enmascarar la persistencia de lo religioso en el espacio público, relegándolo a una esfera privada que se finge ignorar. La eufemización es aquí más institucional que lingüística: permite a la República presentarse como por encima de los conflictos religiosos, cuando en realidad es un actor histórico de los mismos.
En español, laicización opera un deslizamiento comparable, pero en un contexto donde el catolicismo sigue siendo una fuerza cultural hegemónica. La palabra no es tanto una herramienta de secularización como un compromiso: permite negociar el lugar de la Iglesia en la sociedad sin romper abiertamente con ella. La cita en español revela esta ambigüedad: laicización se usa a menudo para describir reformas que limitan la influencia clerical sin erradicarla, como si lo sagrado pudiera dosificarse en lugar de cuestionarse.
En alemán, Säkularisierung (o Verweltlichung) parece más radical: el término, procedente del latín saeculum («siglo», «mundo profano»), implica una salida de lo religioso. Sin embargo, la cita alemana muestra que la palabra también se emplea para desplazar lo sagrado en lugar de eliminarlo. En el contexto protestante, Säkularisierung puede aludir a la transformación de bienes eclesiásticos en bienes estatales —un traspaso que conserva, bajo otra forma, la sacralidad de la autoridad. La eufemización es aquí económica: permite hablar de gestión en lugar de expropiación.
En ruso, секуляризация (sekuliarizatsiya) hereda esta ambigüedad, pero con una dimensión añadida: la palabra suele asociarse a la violencia revolucionaria (reformas de Pedro el Grande, luego bolcheviques). No obstante, como señala la fuente, también se usa para despolitizar lo religioso, presentándolo como un fenómeno histórico superado. Lo oculto es entonces el poder: al hablar de secularización, se evita nombrar la lucha entre el Estado y la Iglesia ortodoxa, como si esta última no fuera más que un vestigio del pasado.
La palabra que calla
La laicizzazione no es un mero concepto: es un silencio organizado. Al pretender neutralizar lo sagrado, lo reconduce bajo otra forma, más insidiosa por menos visible. El mapa translingüe muestra que este gesto no es una excepción italiana, sino una estrategia transnacional: en todas partes, el lenguaje político y religioso se encuentra en este mismo desvío, donde el eufemismo sirve para enmascarar lo que no se quiere —o no se puede— nombrar. La palabra, en definitiva, no dice laicidad: dice el miedo a nombrarla.
Fuentes citadas
- Italo Calvino, Una pietra sopra (L'antilingua), ed. Einaudi.