Eufemismo

Quienes se interponen entre el poder y el pueblo no son mediadores, sino alquimistas del sentido. Su arte consiste en retorcer las palabras para ocultar mejor las manipulaciones. El mapa que sigue revela cómo este gesto atraviesa las lenguas, convirtiendo cada idioma en un campo de batalla semántico.

Eufemismo
Joseph Mallord William Turner — Basilea, parte I, lámina 5 de 'Liber Studiorum' (11 de junio de 1807). Metropolitan Museum of Art, CC0.
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Los intermediarios: la palabra suena a promesa de enlace, de tránsito. Sin embargo, tras su raíz latina esconde una traición. Quienes se dicen intermediarios ya no se limitan a transmitir —transforman, filtran, corrompen—. El español, aquí, no es excepción: revela un mecanismo universal en el que el lenguaje se convierte en herramienta privilegiada de los manipuladores. El mapa que se dibuja muestra que este desvío no es un accidente local, sino una estrategia compartida.

El sentido bajo la palabra

Intermediarios proviene del latín intermedius, compuesto por inter (entre) y medius (medio). En su origen, designa a quienes ocupan una posición central para facilitar los intercambios —comerciantes, diplomáticos, traductores—. La palabra lleva consigo la idea de neutralidad, de paso sin alteración. Pero esa neutralidad es precisamente lo que permite su deslizamiento: cuando el intermediario deja de ser un puente para convertirse en filtro, la palabra se carga de una ambigüedad mortal.

La genealogía del deslizamiento

La inversión opera mediante un giro sutil. Los intermediarios ya no son quienes conectan, sino quienes separan —no por su posición, sino por su acción sobre el lenguaje—. Ya no transmiten las palabras: las moldean, las suavizan, las hacen aceptables. La cita de Álex Grijelmo captura su esencia:

Los intermediarios han quedado así seducidos por las palabras, y mal puede la sociedad defenderse de estas manipulaciones si quienes conducen el lenguaje del poder se convierten en sus catalizadores.

Álex Grijelmo, La seducción de las palabras , libro La seducción de las palabras  — ed. a partir de la traducción francesa de la edición Taurus, 2000, trad. viasophia

Lo que Grijelmo saca a la luz es la seducción del lenguaje como arma. Las palabras dejan de ser herramientas de comunicación para convertirse en señuelos. El intermediario, al revestirse con los ropajes de la mediación, se vuelve cómplice invisible del poder. Ya no se trata de facilitar el intercambio, sino de controlarlo —y de hacer creer que ese control es natural, incluso benévolo—.

El mismo velo, de una lengua a otra

Este gesto —invertir el sentido para enmascarar una manipulación— no es exclusivo del español. Atraviesa las lenguas como una sombra, adoptando formas distintas pero siempre reconocible. El cuadro siguiente traza su mapa:

Langue Forme du mot Attestation
francés euphémisme
inglés weasel words
alemán Euphemismus
español intermediarios
italiano parole d'ordine
ruso подменятели смысла podmenyateli smysla
turco kelime oyunu
chino 倒语 dàoyǔ

Misma naturaleza (invertir el sentido) y mismo objeto (manipuladores del lenguaje) documentados por una fuente nativa en francés, español y ruso. Lagunas de documentación (no ausencia) en inglés, alemán, italiano, turco y chino.

attesté par un dévoileur natif · lacune (non encore sourcé) — jamais « absent »

Para el francés, el euphémisme encarna esta misma lógica. Éric Hazan desvela su mecanismo:

Todos saben que son crónicas, pero la mención de una crisis —término al que, pese a todo, sigue asociándose la idea de una temporalidad breve— contribuye a apaciguar las impaciencias, que es precisamente uno de los objetivos de los eufemismos de la LQR.

Éric Hazan, LQR. La propagande du quotidien , libro LQR. La propagande du quotidien  — ed. a partir de la traducción francesa de la edición Raisons d'agir, 2006, trad. viasophia

El eufemismo no es solo una figura retórica: es una estrategia de poder. Al suavizar las palabras, suaviza la realidad que designan. Lo que se dice ya no es lo que es, y lo que se calla se vuelve esencial. El francés, como el español, revela aquí cómo el lenguaje puede ser tergiversado para servir a quienes lo controlan.

Para el ruso, el término подменятели смысла (podmenyateli smysla, literalmente «quienes sustituyen el sentido») va aún más lejos. Iliá Zemtsov expone su radicalidad:

La mistificación del significado auténtico de las palabras —la sustitución de su sentido real por uno ilusorio, la restricción consciente de ese sentido, la ruptura de los significados tradicionales para servir a la propaganda comunista— todo ello conduce a la muerte del lenguaje.

Iliá Zemtsov, Советский политический язык , libro Советский политический язык  — ed. a partir de la traducción francesa de la edición Overseas Publications, 1985, trad. viasophia

Aquí, el deslizamiento ya no es cuestión de matices, sino de sustitución pura. El sentido no se suaviza: se roba, se reemplaza por otro. La palabra rusa no habla de seducción, sino de violencia —una violencia que no se ejerce con la fuerza, sino con el lenguaje—. El intermediario, en esta perspectiva, ya no es un seductor, sino un ladrón.

¿Quién sigue escuchando?

Los intermediarios no son una excepción española. Son una figura translingüística, un arquetipo del poder que se esconde tras las palabras. Ya sea mediante la seducción del eufemismo, la brutalidad de la sustitución o la astucia de la inversión, el gesto es el mismo: hacer creer que el lenguaje es neutral, cuando en realidad es el arma más eficaz de la dominación. La pregunta ya no es quién manipula, sino quién sigue escuchando —y quién, entre nosotros, acepta ver las palabras tal como son—.

Fuentes citadas

  • Álex Grijelmo, La seducción de las palabras, ed. Taurus, 2000.
  • Éric Hazan, LQR. La propagande du quotidien, ed. Raisons d'agir, 2006.
  • Ilya Zemtsov, Советский политический язык, ed. Overseas Publications, 1985.