La conciencia, ¿rumor o ilusión?

Entre animismo y extractivismo: dos voces para una misma escucha

La conciencia, ¿rumor o ilusión?
Otis Historical Archives National Museum of Health and Medicine — Cráneo de resina (3081230096). Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

¿La conciencia, ¿se alza en el umbral del mundo o no es más que un reflejo de nuestra propia mirada? Dos voces, dos relatos. Una ve en la percepción una reciprocidad fundamental; la otra, una construcción peligrosa. Distinguir primero, para quizá escuchar después lo que, en su misma distancia, resuena como una pregunta.

El rumor del mundo

Si bien la reciprocidad de la percepción engendra la reciprocidad más explícita del habla y el lenguaje, la percepción sigue siendo vulnerable a la influencia decisiva del lenguaje, como una madre permanece especialmente atenta a los actos de su hijo.

David Abram, The Spell of the Sensuous  — ed. a partir de la traducción francesa, sin referencia, trad. viasophia

Aquí la conciencia no es un atributo aislado, sino una cualidad emergente del intercambio. Percibir es ya responder. El mundo no es un decorado mudo: se despliega en el acto mismo de encontrarlo. El lenguaje, nacido de esa reciprocidad, se convierte a la vez en su prolongación y en su riesgo. Como una madre atenta a los gestos de su hijo, la percepción sigue siendo vulnerable a lo que engendra. La palabra puede velar tanto como revelar, pero nunca rompe del todo el vínculo originario.

Esta visión propone una escucha en la que lo vivo y lo no vivo participan de una misma trama sensible. Las piedras, los ríos, los vientos no son objetos, sino presencias que nos responden a su manera. La conciencia deja de ser una propiedad exclusiva para convertirse en un rumor compartido, una vibración que atraviesa las formas. El peligro: que el lenguaje, al endurecerse, olvide su fuente y se crea el único depositario del sentido.

La ilusión extractivista

Las transiciones, por un lado, no se conforman con medidas instrumentales o reformistas; y, por otro, no postulan un cambio abrupto en un tiempo breve.

Eduardo Gudynas, Extractivismos  — ed. original en español, trad. viasophia

Aquí la conciencia no es una propiedad emergente, sino una ficción conveniente. Sirve para justificar una relación de dominio: si la naturaleza está dotada de intención, el ser humano puede creerse su guardián o su depredador legítimo. El extractivismo, en esta lectura, no es solo una práctica económica, sino una postura metafísica. Se sustenta en la idea de que el mundo es un recurso y que la conciencia humana es su única intérprete.

Las transiciones de las que habla Gudynas no son ajustes técnicos ni revoluciones repentinas. Exigen repensar el lugar del ser humano sin caer en la trampa de una nueva sacralización. La conciencia, si existe, no es una cualidad compartida, sino una construcción que ha servido para naturalizar la explotación. El desafío: salir de esa lógica sin reproducir los mismos esquemas de dominación, ni siquiera bajo una forma espiritualizada.

La distancia como pregunta

Estas dos voces no se encuentran. Una ve en la conciencia una cualidad difusa; la otra, una ilusión por deconstruir. Sin embargo, su misma tensión invita a una escucha más atenta.

Abram sugiere que el lenguaje, aunque pueda traicionar la percepción, sigue siendo su prolongación. Gudynas recuerda que toda transición debe evitar los extremos: ni reformismo superficial ni ruptura brusca. Entre ambos, una misma vigilancia: la que consiste en cuestionar lo que proyectamos sobre el mundo y lo que el mundo nos devuelve.

La conciencia, si es un rumor, no es una verdad adquirida. Si es una ilusión, no por ello deja de tener efectos. Quizá la sabiduría consista en sostener esa distancia, sin pretender colmarla demasiado pronto. En escuchar lo que el mundo nos murmura, sin dar por sentado lo que es.

Fuentes citadas

  • David Abram, The Spell of the Sensuous, ed. .
  • Eduardo Gudynas, Extractivismos, ed. .