La mercantilización de la catástrofe ecológica: entre ilusión tecnocrática y resistencia ontológica
Dos voces para distinguir antes de converger
La catástrofe ecológica no es un objeto neutro. Se presenta como un campo de fuerzas donde chocan lógicas que, antes de enfrentarse, deben primero distinguirse. Dos voces, dos geografías del pensamiento: Edgar Morin y Ailton Krenak. Uno trabaja la complejidad como un tejido por reparar; el otro, como una herida que no debe cerrarse demasiado pronto. Sus palabras no se responden, pero excavan el mismo suelo —aquel donde la mercantilización del mundo pretende absorber hasta su propia negación.
La complejidad como domesticación: Morin y el espíritu en el mundo
Morin propone una epistemología donde el espíritu y el mundo se entrelazan sin confundirse. El capitalismo verde, desde esta perspectiva, no es una monstruosidad, sino una complejidad adaptativa —un sistema que integra sus propias contradicciones para sobrevivir. La razón no es aquí una herramienta de dominación, sino un medio para navegar en el enmarañamiento de causas y efectos.
Las condiciones del conocimiento Inmanencia-separación-comunicación El espíritu está en el mundo que está en el espíritu La realidad de la Realidad El mundo cognoscible La zona de adecuación cognitiva II.
Estas líneas no describen un método, sino una postura. El espíritu no es ajeno al mundo: emerge de él y lo moldea a su vez. La mercantilización de la catástrofe ecológica se convierte entonces en un fenómeno por comprender en su totalidad, incluso en sus intentos de reformarse. El capitalismo verde no es una traición, sino una evolución —un intento de la máquina por autorregularse. Morin no lo aprueba, pero reconoce su lógica interna: una adaptación que mantiene vivo el conjunto, aunque sea al precio de nuevas alienaciones.
La «zona de adecuación cognitiva» mencionada aquí no es un territorio fijo. Es ese lugar movedizo donde la razón humana intenta aprehender una realidad que la desborda. El capitalismo verde se inscribe en ella como un intento de hacer coincidir lo económico con lo ecológico, no por altruismo, sino por necesidad. No se trata tanto de salvar el planeta como de salvar el sistema que lo destruye. Morin no condena esta contradicción; la sitúa en el centro de su reflexión. La complejidad no es un problema por resolver, sino una condición por habitar.
La máquina como violencia: Krenak y la existencia negada
Krenak, en cambio, no habla de complejidad, sino de máquina. Una máquina que no se limita a producir objetos, sino que fabrica también ausencias —pueblos, ecosistemas, modos de existencia convertidos en invisibles por ser inasimilables. El capitalismo verde no es una adaptación, sino una continuación: una nueva capa de pintura sobre una estructura que sigue siendo fundamentalmente extractiva.
LA MÁQUINA DE HACER COSAS — Texto elaborado a partir de la transmisión en vivo Conversa Selvagem, con Ailton Krenak y Marcelo Gleiser, 17 abr.
Estas palabras no designan un sistema económico, sino una ontología. La máquina no es una herramienta, sino una forma de estar en el mundo que reduce toda cosa a su valor de uso. No se conforma con mercantilizar la naturaleza: niega la existencia misma de lo que no puede transformarse en recurso. Los pueblos originarios, los bosques primarios, los ríos —todo aquello que resiste a la cuantificación se vuelve un obstáculo por eliminar, no por maldad, sino por lógica.
Krenak no propone reformas. Señala una violencia más profunda: aquella que consiste en negar que otros mundos son posibles. El capitalismo verde, desde esta óptica, no es una solución, sino una ilusión —una forma de hacer creer que la máquina puede autorregularse, cuando en realidad no hace más que reproducir sus propias condiciones de existencia. La catástrofe ecológica no es un malfuncionamiento, sino una consecuencia: el resultado de un sistema que solo puede existir destruyendo lo que lo trasciende.
Distinguir para no confundir
Morin y Krenak no se oponen frontalmente. Habitan registros distintos: uno habla de conocimiento; el otro, de existencia. Para Morin, la mercantilización de la catástrofe es un fenómeno por comprender en su complejidad; para Krenak, una violencia por rechazar en su principio mismo. Uno busca domesticar la máquina mediante la razón; el otro, revelar su impostura.
Su divergencia no es un desacuerdo, sino una necesidad. Antes de buscar convergencias, hay que distinguir lo que pertenece a la adaptación de lo que pertenece a la negación. Morin muestra que el capitalismo verde es un intento de la máquina por sobrevivirse a sí misma; Krenak recuerda que esa supervivencia se paga con el borramiento de todo lo que no es ella.
Lo que resiste a la mercantilización
Ninguno de los dos ofrece soluciones llave en mano. Morin sugiere que la complejidad puede habitarse, sin garantía de éxito; Krenak afirma que la máquina no puede reformarse, sino solo superarse. Sus voces no se encuentran, pero señalan un mismo punto ciego: aquello que, en el mundo, resiste a la mercantilización.
Quizá ahí esté el vértice común, no una síntesis, sino una pregunta: ¿cómo pensar lo que, en nosotros y fuera de nosotros, escapa a la lógica de la máquina? Morin respondería con la razón compleja; Krenak, con la existencia no útil. Ambos, sin embargo, se niegan a reducir el mundo a un objeto de cálculo.
La catástrofe ecológica no es solo un problema por resolver. Es también —y quizá sobre todo— una invitación a distinguir lo que en ella pertenece a la máquina, y lo que en ella le resiste.
Fuentes citadas
- Edgar Morin, La Methode, ed. Seuil, 1993 (avec Anne Brigitte Kern).
- Ailton Krenak, A vida n o til, ed. Companhia das Letras, São Paulo, 2020, trad. trad. maison (du portugais).