La escucha de los no humanos: lenguaje, silencio y presencia
Dos vías para habitar el mundo sin mediación
Los Ávila Runa son conocidos —y temidos— en las comunidades runa de las tierras bajas por una capacidad singular. El texto alude a esta fama sin precisar sus contornos, pero destacando su efecto en quienes la escuchan:
En efecto, como mencioné en la introducción, los Ávila Runa son renombrados —y temidos— en todas las comunidades runa de las tierras bajas por su habilidad para convertirse en jaguares metamórficos.
Esta frase no dice más. No describe el proceso, no lo explica, no lo sitúa en un contexto más amplio. Se limita a consignar una reputación, un temor que circula. Las palabras jaguares metamórficos quedan en suspenso, sin desarrollo. Designan una posibilidad, pero sin revelar su naturaleza. ¿Se trata de una transformación física? ¿De una metamorfosis simbólica? ¿De una experiencia perceptiva? El texto no lo aclara. Solo deja entrever que esa capacidad existe, que es reconocida por otros y que provoca una reacción particular.
El silencio como acto
En las antípodas de esta evocación de una transformación, surge otra práctica, radicalmente distinta en su forma e intención. El shikantaza, o “simplemente sentarse”, se presenta como un arte donde la inmediatez prima sobre toda mediación. El texto que lo aborda no menciona bosque, jaguar ni metamorfosis. Se centra en un gesto: sentarse.
El arte de simplemente sentarse: escritos esenciales sobre la práctica zen del shikantaza.
También esta frase es minimalista. No desarrolla qué significa “simplemente sentarse”, no precisa qué ocurre durante ese acto ni qué persigue. Se limita a nombrar una práctica, sin detallar sus mecanismos o efectos. El título sugiere que se trata de un arte, pero sin revelar sus reglas o finalidades. El acento recae en el acto mismo, sin referencia a un más allá o a una transformación.
Dos presencias en el mundo
De un lado, una capacidad de devenir otra cosa, evocada a través de una reputación que atraviesa comunidades. Del otro, una práctica en la que uno permanece siendo sí mismo, sin pretender convertirse en nada. Ambos enfoques parecen oponerse: uno implica movimiento, una forma de metamorfosis; el otro se sustenta en la quietud y la ausencia de proyecto.
Sin embargo, ni uno ni otro buscan explicar el mundo. El primero no dice cómo se produce la transformación en jaguar ni qué significa. Se limita a registrar una creencia o una experiencia, sin extraer conclusiones. El segundo no propone un método para alcanzar un estado particular ni una teoría sobre lo que implica “simplemente sentarse”. Se circunscribe a nombrar una práctica, sin elucidar sus implicaciones.
Lo que queda
Ambos textos dejan espacio al silencio. En el primero, el silencio versa sobre la naturaleza de la transformación: el texto no aclara qué significa “convertirse en jaguar” ni cómo se manifiesta. En el segundo, el silencio es el núcleo mismo de la práctica: sentarse sin esperar nada, sin intentar aprehender nada.
Ninguno de los dos pretende ofrecer una respuesta definitiva. Solo proponen una manera de estar presente —ya sea convirtiéndose en otro, o permaneciendo uno mismo, sin mediación—. Uno evoca una capacidad que suscita temor y renombre; el otro, una práctica donde el acto es su propio fin. Pero en ambos casos, algo ocurre en la inmediatez, sin explicación, sin justificación.
Nada se afirma más allá de lo que los textos dicen. Nada se añade. Solo quedan estas dos evocaciones, una junto a la otra, sin puente entre ellas, sin síntesis. Solo una capacidad de convertirse en jaguar y un arte de simplemente sentarse.
Fuentes citadas
- Eduardo Kohn, how forests think, ed. .
- Dogen Shobogenzo Treasury True Dharma Eye Tanahashi, dogen-shobogenzo-treasury-true-dharma-eye-tanahashi, ed. .