Lo absurdo y la cuestión de los valores eternos
Dos propuestas ante la ausencia
Hay una propuesta que se presenta como un intento de resolución. Aborda un problema concreto, el del suicidio, y procura enfrentarlo sin recurrir a aquello que, quizá de manera temporal, falta o se halla alterado. Esta propuesta no pretende restaurar lo ausente, sino examinar qué puede hacerse en su ausencia.
Intenta resolver el problema del suicidio, así como El hombre rebelde resuelve el del asesinato, en ambos casos sin la ayuda de valores eternos que, tal vez de forma provisional, están ausentes o distorsionados en la Europa contemporánea.
Este enfoque no niega la posible existencia de valores eternos, pero constata su ausencia o deformación en un contexto determinado. No busca sustituirlos, sino actuar a pesar de su carencia. El problema del suicidio se trata aquí como una cuestión que exige una respuesta inmediata, sin esperar el retorno de lo que podría volverla superflua. La solución propuesta no se apoya en un más allá ni en un absoluto, sino en lo que persiste cuando estos se ponen entre paréntesis.
Otra fidelidad
Otra propuesta se presenta no como una resolución, sino como una preservación. No busca resolver un problema, sino mantener intacto lo dado. Aquí, la ortografía y la puntuación no se modifican, como si cualquier alteración pudiera traicionar lo esencial.
Se han unificado las variaciones en el uso de guiones, pero toda otra ortografía y puntuación permanece inalterada.
Esta fidelidad literal no es una mera cuestión de forma. Sugiere que lo escrito lleva en sí mismo su propia necesidad, y que cualquier modificación, por mínima que sea, podría alterar su sentido. La puntuación y la ortografía no son detalles accesorios, sino elementos constitutivos de lo transmitido. Al negarse a adaptarlas, esta propuesta afirma que el texto, tal como está, contiene ya todo lo necesario.
Lo que se sostiene entre ambas
Estas dos propuestas no se excluyen. Una intenta resolver un problema sin recurrir a lo ausente; la otra preserva lo dado sin pretender modificarlo. Una actúa en la ausencia; la otra se mantiene en la presencia.
No se contradicen, sino que se sitúan en registros distintos. La primera indaga qué puede hacerse cuando los referentes habituales faltan. La segunda afirma que lo ya existente no necesita transformarse para ser comprendido. Una es una respuesta a una situación; la otra, una actitud ante lo transmitido.
Ninguna de las dos pretende poseer una verdad última. Una propone un modo de actuar a pesar de la ausencia; la otra, un modo de recibir lo dado. Entre ambas no hay elección que hacer, sino un espacio donde estas propuestas pueden coexistir sin negarse. La ausencia y la presencia, la resolución y la preservación, no son opuestos, sino formas distintas de situarse ante lo que es.
Fuentes citadas
- Albert Camus, Myth of Sisyphus, ed. .
- Djalâl al-Dîn Rûmî, Masnavî, ed. .