El *ayni* o la reciprocidad como ley de lo vivo
Cuando el derecho natural ancestral deshace la deuda y la propiedad
El derecho que nace de la relación
Según Fernando Huanacuni Mamani, los pueblos originarios ofrecen una propuesta radical para el mundo contemporáneo: una forma de habitar la Tierra basada en el equilibrio y la armonía con todos los seres, humanos y no humanos. Esta visión se arraiga en lo que él denomina la Ley de Origen, un principio que trasciende el marco jurídico para abarcar la totalidad de lo vivo. Esta ley no es una invención humana, sino el reconocimiento de un orden preexistente, donde cada interacción —con la tierra, los ancestros, los ciclos naturales— debe respetar una reciprocidad fundamental. Lejos de ser una simple costumbre, esta ley estructura la vida comunitaria al establecer que el derecho a la tierra, por ejemplo, solo existe a través de una relación activa y permanente con ella.
Fernando Huanacuni Mamani observa que esta concepción del derecho difiere radicalmente del modelo occidental. Mientras este último separa derechos y responsabilidades en dos categorías distintas, las comunidades originarias los vinculan de manera indisoluble. Para gozar de un derecho —como el de ocupar un territorio—, es necesario asumir simultáneamente deberes: participar en los trabajos colectivos, honrar los ritos, velar por el equilibrio de la comunidad. No es un contrato escrito lo que funda este derecho, sino una práctica continua, una presencia efectiva en el territorio. La tierra no es un objeto que poseer, sino un ser con el que se mantiene una relación viva.
español En las comunidades, para tener este derecho las familias deben cumplir a la vez ciertas responsabilidades: ejercer como autoridad, realizar trabajos comunitarios, hacer ayni, ser parte de los usos y costumbres, hacer ritos y ofrendas para mantener el equilibrio con la comunidad, vivir bien (en equilibrio y armonía) y principalmente vivir en la comunidad (no se puede poseer tierras a distancia).
español En las comunidades, para gozar de este derecho, las familias deben asumir simultáneamente ciertas responsabilidades: ejercer una función de autoridad, realizar trabajos comunitarios, practicar el ayni, inscribirse en los usos y costumbres, efectuar ritos y ofrendas para preservar el equilibrio con la comunidad, vivir bien (en equilibrio y armonía) y, sobre todo, residir dentro de la comunidad (no es posible poseer tierras a distancia).
El ayni: una reciprocidad que anula la deuda
En el corazón de esta visión se encuentra el ayni, un principio que Fernando Huanacuni Mamani presenta como mucho más que una forma de ayuda mutua. Se trata de una lógica cósmica en la que cada acto es un intercambio sagrado, una manera de mantener el equilibrio entre los seres. A diferencia de la deuda occidental —que genera relaciones de dependencia y poder—, el ayni se basa en una reciprocidad inmediata y sin cálculo. Dar y recibir no son transacciones, sino movimientos complementarios que nutren la vida.
Esta reciprocidad se extiende más allá de las relaciones humanas. Incluye a la tierra, los ancestros, los animales, las plantas. Según Fernando Huanacuni Mamani, es esta interdependencia la que vuelve obsoleta la noción misma de propiedad. La tierra no pertenece a nadie, pues es un sujeto con el que se dialoga, un ser vivo del que se depende. Poseer un territorio a distancia, como lo permite el derecho occidental, es un absurdo en esta perspectiva: la relación con la tierra exige presencia, una participación activa en sus ciclos.
Justicia comunitaria: el equilibrio antes que el castigo
La justicia, en esta visión, no es un mecanismo de represión, sino un proceso de restauración de la armonía. Fernando Huanacuni Mamani señala que las formas extremas de justicia comunitaria —a veces percibidas como violentas— son, en realidad, respuestas a la exclusión histórica sufrida por los pueblos originarios. La verdadera justicia ancestral busca, ante todo, preservar el equilibrio de la comunidad y la vida en su seno. No separa al individuo de su entorno, sino que considera cada acto en su dimensión colectiva.
Este enfoque contrasta con el paradigma occidental, que individualiza derechos y responsabilidades. Según Fernando Huanacuni Mamani, los Estados coloniales y poscoloniales han impuesto un modelo en el que el individuo está desconectado de su comunidad, la tierra se convierte en mercancía y la justicia se reduce a un mecanismo de castigo. Los pueblos originarios han resistido esta imposición, a veces abiertamente, a veces de manera soterrada, para preservar su visión de una vida en comunidad.
Un derecho natural ancestral para hoy
Fernando Huanacuni Mamani propone repensar el derecho a partir de esta visión comunitaria. El Derecho Natural Ancestral Comunitario que menciona no es una nostalgia del pasado, sino una alternativa concreta para el presente. Se basa en el principio de que la tierra no es un bien que poseer, sino un ser con el que se mantiene una relación. Este derecho implica una redistribución dinámica de las tierras, ajustada a las necesidades de las familias y a su compromiso con la comunidad.
Esta propuesta cuestiona los fundamentos mismos del derecho occidental. Invita a superar la dicotomía entre derechos y responsabilidades para abrazar una ética de la relación. En un mundo donde la propiedad privada y la deuda estructuran las relaciones sociales, esta visión ofrece un camino para reencantar lo político: no como un espacio de dominación, sino como un tejido de reciprocidades donde cada acto contribuye al equilibrio de lo vivo.
Fuentes citadas
- Fernando Huanacuni Mamani, Buen Vivir Vivir Bien, ed. Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), Lima, 2010, trad. rendu français maison (texte espagnol, courtes citations attribuées).