La resurgencia nishnaabeg: reocupación cognitiva y territorial según Leanne Betasamosake Simpson

Cuando la descolonización deja de ser metáfora para volver a ser práctica viva

La resurgencia nishnaabeg: reocupación cognitiva y territorial según Leanne Betasamosake Simpson
Anónimo — Modelo de canoa con muñecos (ca. 1860). Metropolitan Museum of Art, CC0.
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El rechazo como punto de partida: la academia y sus espejismos

Para Leanne Betasamosake Simpson, la universidad occidental opera como un mecanismo de legitimación del colonialismo. Advierte que las instituciones académicas solo reconocen aquellos saberes validados por sus propios criterios, relegando las inteligencias indígenas a un estatus de objeto de estudio en lugar de sistemas vivos. Esta dinámica perpetúa una asimetría de poder en la que los conocimientos nishnaabeg son, o bien folklorizados, o bien instrumentalizados para servir a proyectos ajenos. La autora subraya que los esfuerzos por «indigenizar la academia» resultan vanos mientras esta se niegue a cuestionar sus fundamentos coloniales. En lugar de mendigar un lugar en un sistema que niega su legitimidad, los pueblos originarios deben, según ella, apartarse de esa búsqueda de reconocimiento para volver a centrarse en sus propios modos de transmisión.

Este rechazo no es una mera oposición, sino una estrategia generativa. Simpson describe cómo ciertas iniciativas, como la negativa de los Iroquois Nationals a participar en un torneo de lacrosse bajo las condiciones impuestas por el Reino Unido, encarnan esta lógica. Estos actos no se limitan a impugnar el colonialismo: afirman una soberanía concreta, creando alternativas que surgen de las normas indígenas y no de los marcos impuestos. Para ella, la resurgencia comienza con este gesto de retirada, que permite reconstruir espacios donde las inteligencias nishnaabeg puedan florecer sin ser diluidas ni distorsionadas.

inglés

As an instructor in many different Indigenous land-based programs, I often have the honor of witnessing our people link the circumstances of their lives—that is, how they experience the personal trauma of colonialism through the child welfare system, the state education system, gender violence, addictions, poverty, the prison system, or mental health issues—to the larger structures and process of settler colonialism.

español

Como docente en diversos programas indígenas arraigados en el territorio, a menudo tengo el honor de presenciar cómo nuestra gente vincula las circunstancias de su existencia —es decir, la manera en que viven el trauma personal del colonialismo a través del sistema de protección infantil, el sistema educativo estatal, la violencia de género, las adicciones, la pobreza, el sistema carcelario o los problemas de salud mental— con las estructuras y procesos más amplios del colonialismo de asentamiento.

Leanne Betasamosake Simpson, As We Have Always Done , libro As We Have Always Done  — ed. a partir de la traducción francesa de la autora, University of Minnesota Press, 2017, trad. viasophia

El territorio como pedagogía: reaprender a pensar desde el suelo

Para Simpson, la tierra no es un simple escenario, sino el fundamento mismo del pensamiento nishnaabeg. Describe una pedagogía en la que el territorio enseña, donde los relatos, las prácticas y las relaciones se enraízan en un lugar específico. Este enfoque contrasta radicalmente con los sistemas educativos occidentales, que abstraen el saber de su contexto para volverlo «universal». En los programas que coordina, los participantes vinculan sus traumas personales —provenientes de los sistemas coloniales de protección infantil, la violencia o el encierro— con las dinámicas más amplias del colonialismo. Estos momentos de toma de conciencia, cuando se anclan en prácticas nishnaabeg, se convierten en fuentes de teoría y acción.

La resurgencia, según ella, no se limita a las reservas o las zonas rurales. Las ciudades, aunque a menudo percibidas como espacios desconectados del territorio, también son lugares de resistencia y reinvención. Simpson insiste en que la mayoría de los pueblos indígenas circulan entre estos ámbitos, encontrando formas de mantener su vínculo con la tierra y sus relatos, incluso en entornos urbanos o degradados. La clave reside en el paso de una lógica de consumo capitalista a una de producción cultural, donde cada individuo se convierte en actor de la regeneración de saberes y prácticas indígenas.

La gobernanza como práctica colectiva: más allá del reconocimiento

Simpson rechaza la idea de que la descolonización pueda lograrse mediante una mejor integración de los pueblos indígenas en las estructuras coloniales. Para ella, la «política de reconocimiento» —esa demanda de inclusión en las instituciones existentes— no hace más que reforzar el poder colonial al legitimar sus marcos. En su lugar, propone una gobernanza basada en las normas nishnaabeg, donde las decisiones emergen de las relaciones entre las personas, la tierra y las generaciones pasadas y futuras. Este enfoque no se limita a criticar el colonialismo: construye alternativas concretas, como pasaportes mohawks o declaraciones de soberanía denegada.

En esta perspectiva, la resurgencia es un movimiento a la vez local y global. Local, porque se arraiga en prácticas específicas de cada nación, como el Nishnaabewin para los nishnaabeg. Global, porque se inscribe en una red de luchas indígenas que comparten principios comunes, como la prioridad otorgada a las relaciones sobre las estructuras jerárquicas. Simpson subraya que estas prácticas no buscan reformar el sistema colonial, sino volverlo obsoleto al crear mundos donde las normas indígenas se conviertan en la referencia.

El arte como laboratorio de la resurgencia

El arte ocupa un lugar central en el pensamiento de Simpson. Lo concibe como un espacio donde los actos de resistencia individuales se transforman en movimientos colectivos. Los artistas indígenas, según ella, no se limitan a criticar el colonialismo: inventan lenguajes, relatos y formas que encarnan alternativas. Estas creaciones no son simples «puntos de ruptura», sino constelaciones que conectan luchas, saberes y emociones en una práctica de «rechazo afirmativo». El arte se convierte así en una herramienta de reocupación cognitiva, donde la belleza y la alegría son fuerzas políticas.

Simpson cita como ejemplo obras que, al igual que disertaciones o performances, codifican la inteligencia indígena en teoría y proceso. Estas prácticas artísticas se sustentan en una «normatividad arraigada», es decir, valores y modos de ser que emergen del territorio y las relaciones, y no de las leyes coloniales. Para ella, el arte no es un complemento de la resurgencia, sino su núcleo mismo, pues permite materializar mundos donde el colonialismo pierde toda vigencia.

Educar para la libertad: formar generaciones de pensadores-territorio

En la visión de Simpson, la educación no prepara a los niños para triunfar en un sistema capitalista, sino para convertirse en ciudadanos brillantes, amorosos e interdependientes, capaces de vivir según los valores nishnaabeg. Describe un sistema en el que se alienta a los niños a situar su alegría en el centro de su existencia, en lugar de conformarse a expectativas ajenas. Este enfoque busca crear sociedades donde la explotación resulte impensable, pues las relaciones se fundan en el respeto y la reciprocidad.

Para Simpson, la supervivencia de los nishnaabeg en un mundo capitalista pasa por formar generaciones capaces de pensar y actuar al margen de sus lógicas. Esto implica crear espacios educativos que reproduzcan las inteligencias indígenas en lugar de adaptarlas a las normas occidentales. Estos espacios, ya sean formales o informales, deben estar anclados en el territorio y centrados en las necesidades de las comunidades. Su objetivo no es producir graduados, sino futuros ancianos —pensadores, sanadores e historiadores que encarnen los saberes nishnaabeg en su época.

Conclusión: la resurgencia como presente en devenir

Leanne Betasamosake Simpson propone una descolonización que no se queda en palabras, sino que se encarna en prácticas cotidianas. Para ella, la resurgencia es un movimiento de reocupación cognitiva y territorial, donde cada gesto —ya sea enseñar, crear o gobernar— contribuye a hacer realidad un presente indígena. Este presente no es nostalgia del pasado, sino una reinvención constante, donde los saberes ancestrales dialogan con los desafíos contemporáneos.

Su obra recuerda que la descolonización no es una metáfora, sino una responsabilidad colectiva. Invita a rechazar los marcos coloniales para reconstruir mundos donde las inteligencias indígenas puedan, por fin, respirar. En esta visión, la tierra no es un objeto de posesión, sino un compañero con el que pensar, amar y luchar. Y quizá ahí resida la mayor fuerza de su pensamiento: en la convicción de que la libertad indígena no se negocia, sino que se vive, aquí y ahora.

Fuentes citadas

  • Leanne Betasamosake Simpson, As We Have Always Done, ed. University of Minnesota Press, 2017, trad. texte original anglais ; rendu français maison.