La memoria como tierra que respira

N. Scott Momaday y el arte de reenraizar el espíritu kiowa

La memoria como tierra que respira
Anthony van Dyck — Estudio de cabeza de una joven (ca. 1618–20). Metropolitan Museum of Art, CC0.
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El viaje como metáfora del ser

Para N. Scott Momaday, el camino hacia Rainy Mountain no es una simple ruta geográfica. Es, ante todo, el trazado de una conciencia colectiva que se niega al olvido. El autor kiowa describe esta migración como una aventura fundacional, donde cada paso de los ancestros moldeó una identidad en movimiento. No es una cronología lineal lo que restituye, sino una experiencia viva en la que pasado y presente se entrelazan. La memoria, aquí, no es un museo: es un aliento que aún anima las colinas y los ríos recorridos.

Momaday observa que esta migración permitió a los kiowas forjarse una visión de sí mismos, una “buena idea” de su existencia. Esta idea, dice, halla su origen en la lengua, en los relatos transmitidos oralmente. Aunque esos relatos se hayan fragmentado con el tiempo —reducidos a mitos, leyendas o retazos de saber—, su esencia persiste, intacta. Lo que importa no es la precisión de los detalles, sino la fuerza de la imaginación que los reaviva en cada evocación. Recordar, para Momaday, es volver a emprender el viaje, como si el espíritu pudiera remontar el tiempo y revivir el asombro de los orígenes.

inglés

From the beginning the migration of the Kiowas was an expression of the human spirit, and that expression is most truly made in terms of wonder and delight: “There were many people, and oh, it was beautiful.

español

Desde el origen, la migración de los kiowas fue expresión del espíritu humano, y esa expresión se cumplió del modo más verdadero en términos de asombro y arrebato: Había tanto mundo, y oh, qué hermoso era.

N. Scott Momaday, The Way to Rainy Mountain , libro The Way to Rainy Mountain  — ed. según la traducción francesa de la edición de University of New Mexico Press, 1969 (ed. de bolsillo 1976), trad. viasophia

La memoria como acto de resistencia

Para Momaday, la memoria no es un refugio nostálgico, sino una fuerza activa. Al evocar el viaje hacia Rainy Mountain, no se limita a contar una historia: reactiva una presencia. Los ancestros no son figuras lejanas, sino presencias que aún habitan los paisajes que atravesaron. La tierra, en esta visión, no es un decorado, sino un espacio sagrado donde cada piedra, cada curso de agua lleva la huella de las generaciones pasadas.

Esta concepción de la memoria como acto vivo se opone a la idea de un pasado concluido. Momaday insiste en que el viaje continúa cada vez que se lo evoca, cada vez que la imaginación se apodera de él. La memoria, aquí, es un puente entre las épocas, un medio para resistir al borramiento. Permite mantener viva una visión del mundo donde lo humano y la tierra son uno, donde la historia no es una sucesión de acontecimientos, sino una experiencia compartida del espíritu.

El paisaje como texto sagrado

El viaje hacia Rainy Mountain es también una meditación sobre el paisaje. Para Momaday, este no es un simple decorado, sino un texto por leer, una narración grabada en la tierra misma. Las montañas, las llanuras, los ríos son otros tantos capítulos de una historia más amplia: la de la humanidad en relación con el mundo. La belleza de estos lugares no es solo estética: es espiritual, cargada de sentido.

El autor subraya que esa belleza es inseparable de la experiencia humana que la ha atravesado. Los kiowas, al migrar, transformaron esos espacios en lugares habitados por su presencia. La tierra, para ellos, no es un territorio por conquistar, sino un interlocutor al que escuchar, al que honrar. Al evocar esta relación, Momaday muestra que la memoria no es solo un relato, sino una manera de reencantar el mundo, de devolverle su dimensión sagrada.

La imaginación como herencia

La fuerza de The Way to Rainy Mountain reside en esta idea de que la memoria es inseparable de la imaginación. Momaday no busca reconstruir fielmente el pasado, sino hacerlo revivir a través del prisma del espíritu. El viaje que describe no es una reconstrucción histórica, sino una experiencia interior, donde cada detalle —un paisaje, una emoción, una palabra— se convierte en fragmento de una verdad mayor.

Este enfoque transforma la memoria en un acto creador. Al recordar, no nos limitamos a rememorar: recreamos, reinventamos, reencantamos. Para Momaday, es esa capacidad de asombro, de ver la belleza en el mundo, lo que permite mantener viva la tradición. La memoria, así entendida, no es una carga, sino una fuente de alegría, un medio para reconectar con lo que nos trasciende.

Conclusión: la memoria como tierra que respira

N. Scott Momaday nos recuerda que la memoria no es un simple ejercicio de rememoración, sino un acto de reenraizamiento. Al evocar el viaje hacia Rainy Mountain, muestra que recordar es hacer renacer el alma de los lugares y de los ancestros, es devolver la vida a una visión del mundo donde lo humano y la tierra son uno. La memoria, en esta perspectiva, es una tierra que respira, un espacio sagrado donde pasado y presente se encuentran.

Lo que Momaday nos ofrece es una lección de resistencia: resistir al olvido, resistir a la fragmentación del tiempo, resistir a la idea de que el pasado está definitivamente perdido. Al convertir el recuerdo en un acto vivo, transforma la memoria en una palabra sagrada, en una fuerza capaz de reencantar el mundo.

Fuentes citadas

  • N. Scott Momaday, The Way to Rainy Mountain, ed. University of New Mexico Press, 1969 (éd. de poche 1976), trad. texte original anglais ; rendu français maison.