Habitar el colapso: entre melancolía activa y simpoiesis resiliente

Dos vías para una conciencia del trastorno

Habitar el colapso: entre melancolía activa y simpoiesis resiliente
Antonello da Messina — San Jerónimo en su estudio - National Gallery London. Wikimedia Commons, CC0.

La conciencia del colapso exige una inteligencia capaz de sostenerse en el trastorno sin ahogarse en él. Dos voces resuenan aquí, sin confundirse. Una, la de Edgar Morin, invita a una melancolía activa, donde la lucidez sobre los infortunios de la inteligencia se convierte en cimiento de un pensamiento dialógico. La otra, encarnada por Donna Haraway, propone cultivar prácticas de resurgimiento que enfrentan los traumas sin ceder a la desesperanza. Estas dos aproximaciones no se oponen: se complementan en su rechazo común a la ilusión o a la resignación.

La melancolía activa: la inteligencia ante sus límites

Morin sitúa la inteligencia humana en el centro de una tensión fundamental. Es a la vez fortuna e infortunio, luz y sombra. En La Méthode, La Voie, escribe:

La inteligencia de la inteligencia humana Las cualidades inteligentes Fortunas e infortunios de la inteligencia La dialogía pensante Concebir la concepción La conciencia de la conciencia El iceberg de inconsciencia El subdesarrollo de conciencia Conclusión: El ave de Minerva La prehistoria del espíritu humano

Edgar Morin, La Methode , libro La Voie  — ed. según la traducción francesa de Anne Brigitte Kern, Seuil, 1993, trad. viasophia

Esta enumeración no es un mero catálogo. Dibuja una cartografía de las fuerzas y debilidades del espíritu humano. Para Morin, la inteligencia es una facultad que lleva en sí misma sus propias trampas. Sus “infortunios” no son accidentes externos, sino riesgos inherentes a su funcionamiento. La dialogía pensante, por ejemplo, es esa capacidad de sostener lógicas contradictorias, pero exige una conciencia aguda de sus propios límites.

La melancolía activa nace de esta toma de conciencia. No es un renunciamiento, sino una lucidez que permite actuar a pesar de todo. Morin menciona “el iceberg de inconsciencia” y “el subdesarrollo de conciencia” como realidades con las que hay que convivir. El colapso, desde esta perspectiva, no es solo una crisis externa: revela también las grietas de nuestra inteligencia colectiva. La melancolía se convierte entonces en un motor, una energía que impulsa a pensar a pesar de la sombra, a actuar a pesar de la incertidumbre.

La simpoiesis resiliente: vivir con el trastorno

Haraway, en Vivir con el trouble, propone otro camino. No niega la gravedad de los traumas, pero se niega a dejar que definan el horizonte. Escribe:

Propone un tipo de resurgimiento capaz de enfrentar, sin negación, sin cinismo y sin desesperanza, los traumas originarios y repetidos que han marcado la historia de Black Mesa.

Donna Haraway, Vivre avec le trouble  — ed. según la edición original en inglés, trad. viasophia

El resurgimiento del que habla Haraway no es un retorno al pasado, sino una reparación activa. Implica “vivir con el trastorno” sin pretender resolverlo de manera definitiva. El trauma no se borra: se integra en una práctica de simpoiesis, donde seres humanos y no humanos colaboran para crear formas de vida resilientes. El rechazo a la desesperanza no es un optimismo ingenuo, sino la decisión de no permitir que lo peor dicte los términos de la existencia.

Haraway insiste en la importancia de no caer en la negación ni en el cinismo. Estas dos actitudes, aunque distintas, comparten la incapacidad de reconocer la posibilidad de una acción transformadora. La simpoiesis, en cambio, es una práctica que asume la complejidad del mundo sin someterse a ella. Propone cultivar relaciones que reparen, aunque sea parcialmente, las fracturas causadas por el colapso.

Sostener la tensión: dos movimientos para una misma inteligencia

Estas dos aproximaciones no se excluyen. Se responden como dos caras de una misma inteligencia confrontada al colapso. Morin enfatiza la conciencia trágica, la necesidad de reconocer los límites del espíritu humano. Haraway, por su parte, subraya la capacidad de actuar a pesar de esos límites, de crear formas de vida que integren el trastorno sin perderse en él.

La melancolía activa y la simpoiesis resiliente pueden coexistir. La primera ofrece lucidez sobre los infortunios de la inteligencia; la segunda, prácticas para superarlos. Juntas, trazan un camino donde la conciencia del colapso no conduce a la parálisis, sino a una acción más humilde e inventiva.

Morin evoca “el ave de Minerva”, símbolo de una sabiduría que solo se revela al atardecer. Haraway habla de resurgimiento, de un renacer que emerge de las ruinas. Estas dos imágenes no son contradictorias. Invitan a pensar el colapso no como un fin, sino como un momento en el que la inteligencia humana se revela en toda su complejidad: a la vez vulnerable y creadora, lúcida y reparadora.

Fuentes citadas

  • Edgar Morin, La Methode, ed. Seuil, 1993 (avec Anne Brigitte Kern).
  • Donna Haraway, Vivre avec le trouble, ed. .