La esperanza: ¿ilusión o resistencia? La verdad del futuro entre utopía y profecía

Dos voces en el hilo del tiempo

La esperanza: ¿ilusión o resistencia? La verdad del futuro entre utopía y profecía
Nicolas Poussin — Orión ciego buscando el sol naciente (1658). Metropolitan Museum of Art, CC0.

Las palabras de la esperanza nunca son ligeras. Llevan consigo el peso de un futuro que aún no existe, pero que ya gravita sobre el presente. Dos voces, una surgida de las selvas amazónicas, la otra de las bibliotecas europeas, hablan de ella como de algo a la vez necesario y peligroso. Para una, la esperanza es lo que permite avanzar; para la otra, lo que impide ver lo que ya está cayendo. Entre ambos polos, persiste una pregunta: ¿cómo sostener a un tiempo la promesa y la caída?

La esperanza como fuerza motriz

Hay en la esperanza una energía que va más allá del simple deseo. No es solo una espera pasiva, sino una tensión activa hacia lo que aún no está. El presente, tal como se ofrece, contiene ya en sí los gérmenes de lo porvenir. Nada está fijo, nada está definitivamente cerrado. Incluso en lo más inmediato, en lo más tangible, algo trabaja, algo sigue su curso.

Por el contrario: lo que contiene el futuro en la actualidad del Ahora sigue su camino sin piedad —más allá de todas las formas pasadas—, incluso en su actualidad más inmediata y en todos sus entornos horizontales.

Ernst Bloch, The Principle of Hope  — ed. a partir de la traducción francesa de Jean Lacoste, Gallimard, 1976, trad. viasophia

Esta idea de un futuro ya presente, aunque aún invisible, transforma la manera de mirar el mundo. Lo que tenemos ante nosotros no es una página en blanco, sino un paisaje en movimiento, donde cada detalle lleva la huella de lo que advendrá. La esperanza, entonces, no es una huida de lo real, sino una forma distinta de leerlo. No se trata de negar lo que es, sino de ver lo que, en ello, resiste al cierre.

Sin embargo, esta visión no está exenta de riesgos. Si el futuro ya está ahí, en germen, puede convertirse en excusa para no actuar. ¿Por qué luchar por lo que de todos modos ha de llegar? La esperanza, si no se ancla en el presente, puede trocarse en una espera vacía, en una promesa que nada exige a cambio.

La esperanza como engaño

Del otro lado, está esa voz que habla de la esperanza como de una ilusión. No una ilusión pasajera, sino algo más hondo, más peligroso. Aquí, la esperanza no es lo que permite avanzar, sino lo que vela la realidad de la destrucción. Es lo que impide ver las puertas que ya se abren hacia lo que viene, y que no siempre es deseable.

Xawarari mae es un «camino de ser de la epidemia», xawarari periyoka, «una puerta de camino de ser de la epidemia».

Davi Kopenawa, La Chute du ciel , § 660  — ed. según la edición francesa de Plon, coll. Terre humaine, 2010, trad. viasophia

Las palabras de Kopenawa no hablan directamente de la esperanza, pero dibujan sus contornos por la negativa. Lo que describe son caminos que conducen a la enfermedad, a la ruptura, a la caída. Puertas que se abren hacia mundos que no deberían existir. Desde esta perspectiva, la esperanza no es una fuerza motriz, sino un velo. Oculta lo que ya está ocurriendo, lo que ya se está perdiendo.

No obstante, incluso en esta desconfianza hay una forma de resistencia. Rechazar la esperanza no implica necesariamente renunciar al futuro. Quizá sea solo negarse a dejarse arrullar por promesas que no tienen en cuenta lo que ya se quiebra. Es una manera de permanecer anclado en lo que es, sin dejarse arrastrar por lo que podría ser.

La cumbre común

Estas dos voces no se encuentran, pero hablan de una misma cosa: la dificultad de sostener a un tiempo el presente y el futuro. Para Bloch, el futuro ya está ahí, trabajando en el presente. Para Kopenawa, el futuro es lo que amenaza, lo que se abre como una puerta hacia la destrucción. Sin embargo, en ambos casos late la idea de que el tiempo no es una línea recta, sino algo más complejo, más frágil.

La esperanza, ya sea fuerza o engaño, es siempre una cuestión de mirada. ¿Cómo ver lo que está naciendo sin ignorar lo que está muriendo? ¿Cómo caminar hacia lo que aún no está sin tropezar con lo que ya cae?

Quizá la respuesta no esté ni en la utopía ni en la profecía, sino en esa misma tensión. En esa capacidad de sostener ambos extremos: lo que resiste y lo que se derrumba, lo que espera y lo que ve. Sin olvidar nunca que el futuro, sea cual sea, es siempre una cuestión de elección. No un destino, sino una responsabilidad.

Fuentes citadas

  • Ernst Bloch, The Principle of Hope, ed. .
  • Davi Kopenawa, La Chute du ciel, ed. Plon, coll. Terre humaine, 2010, trad. Bruce Albert (propos yanomami recueillis et traduits).