La inteligencia nishnaabe como ética de la reocupación

La resurgencia como práctica cotidiana del rechazo y la reinvención

La inteligencia nishnaabe como ética de la reocupación
P199 — Primera Nación Pic River. Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
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La educación como transmisión de una inteligencia viva

Para Leanne Betasamosake Simpson, el desafío central de los nishnaabeg hoy no es preservar un patrimonio, sino formar una generación capaz de pensar y actuar desde una inteligencia específica, arraigada en relaciones con la tierra. Esta inteligencia no se transmite mediante programas escolares o reformas institucionales, sino a través de una práctica cotidiana, un modo de habitar el mundo que escapa a los marcos coloniales. La autora subraya que los sistemas educativos estatales, incluso cuando intentan integrar saberes indígenas, lo hacen según lógicas que los vacían de su esencia. Transforman modos de conocimiento relacionales en objetos de estudio, prácticas vivas en contenidos para consumir.

Para Simpson, la educación nishnaabe tradicional persigue un horizonte distinto: formar personas que encarnen esta inteligencia en su propia vida, sin importar las limitaciones de su época. No se trata de reproducir un pasado idealizado, sino de cultivar formas de pensar y actuar que permitan navegar el presente sin someterse a las categorías impuestas por el colonialismo. Los ancianos, sanadores, teóricos e historiadores de los que habla no son figuras del pasado, sino modelos para el presente. Su legitimidad no proviene de un diploma o un reconocimiento institucional, sino de su capacidad para vivir según estos principios, adaptarlos y transmitirlos.

Esta visión de la educación como práctica —y no como mera transmisión de conocimientos— plantea una pregunta radical: ¿cómo criar niños que no sean solo consumidores de saberes, sino productores de sentido, arraigados en relaciones concretas con su comunidad y su territorio? Para Simpson, la respuesta solo puede surgir del rechazo a los términos impuestos por el Estado y la academia. No se trata de “indigenizar” las instituciones existentes, sino de crear espacios donde esta inteligencia pueda florecer al margen de sus lógicas.

inglés

Our Ancestors’ primary concern in “educating” our young people was to nurture a new generation of elders—of land-based intellectuals—philosophers, theorists, medicine people, and historians who embodied Nishnaabeg intelligence in whatever time they were living in because they had lived their lives through Nishnaabeg intelligence.

español

Nuestra principal preocupación, para nuestros Ancestros, al «educar» a nuestros jóvenes, era criar una nueva generación de ancianos —intelectuales arraigados en la tierra—, de filósofos, teóricos, sanadores e historiadores que encarnaran la inteligencia nishnaabe en cualquier época en que vivieran, pues habían conducido su existencia a través de esa misma inteligencia.

Leanne Betasamosake Simpson, As We Have Always Done , libro As We Have Always Done  — ed. según la traducción francesa de la edición original en inglés, University of Minnesota Press, 2017, trad. viasophia

El rechazo como práctica de reocupación

Simpson describe el colonialismo no solo como una desposesión material, sino como un intento de desvincular cuerpos y mentes de su anclaje en una inteligencia relacional. Para los nishnaabeg, la tierra no es un objeto que poseer, sino una red de relaciones que mantener. La desposesión, entonces, no se limita a la pérdida de un territorio, sino a la ruptura de esos vínculos, a la destrucción de los modos de pensar y sentir que de ellos emanan.

Frente a esta violencia, el rechazo no es una postura pasiva, sino una práctica activa de reocupación. Simpson observa que quienes están arraigados en la tierra siguen viviendo según estos principios, incluso cuando las condiciones son hostiles. Rehúsan someterse a la lógica de la posesión, núcleo del colonialismo, y cultivan en su lugar relaciones de reciprocidad y consentimiento. Este rechazo no es una reacción, sino una reinvención constante de los modos de convivir, pensar y gobernar.

La resurgencia, para Simpson, no es un retorno a un pasado mitificado, sino una reactivación de esas relaciones en el presente. No se conforma con denunciar las injusticias, sino que propone alternativas concretas, ancladas en prácticas cotidianas. Estas alternativas no son soluciones universales, sino respuestas situadas, adaptadas a las realidades específicas de las comunidades nishnaabeg.

La inteligencia como potencia

Para Simpson, lo opuesto a la desposesión no es la posesión, sino una forma de apego profundo, consensuado y recíproco. Esta inteligencia relacional es lo que permite resistir a la extracción colonial, que busca separar cuerpos, mentes y emociones de sus anclajes. Es, a la vez, un modo de pensar, sentir y actuar; una potencia que se cultiva mediante la práctica.

Esta inteligencia no es una abstracción, sino una realidad vivida. Se manifiesta en los gestos cotidianos, en las relaciones con la tierra, en los modos de cuidarse unos a otros. No necesita validación externa, pues su legitimidad surge de su arraigo en prácticas concretas. Para Simpson, es esta inteligencia la que constituye la verdadera potencia de los pueblos indígenas: una potencia que no puede ser robada ni destruida, pues se reinventa constantemente.

La resurgencia nishnaabe, entonces, no es una metáfora, sino una realidad tangible, una práctica cotidiana de rechazo y reinvención. No se limita a resistir al colonialismo, sino que propone otro modo de habitar el mundo, anclado en relaciones de reciprocidad y consentimiento. Para Simpson, es esta práctica la que permite sobrevivir y prosperar, a pesar de los intentos repetidos de destrucción.

Fuentes citadas

  • Leanne Betasamosake Simpson, As We Have Always Done, ed. University of Minnesota Press, 2017, trad. texte original anglais ; rendu français maison.