El *manaakitanga* o el arte político de hacer crecer al otro
Una ética maorí de la soberanía relacional
La ética maorí no se limita a prescribir comportamientos. Propone una gramática de las relaciones donde cada acto es un gesto político, una manera de tejer o deshacer el mundo. Según Hirini Moko Mead, esta gramática se articula en torno a principios que funcionan como pruebas: antes de actuar, se verifica si la acción se inscribe en una genealogía existente, si reproduce un modelo ancestral o si respeta los valores fundamentales del tikanga. Entre estos valores, el manaakitanga ocupa un lugar central, no como simple norma de cortesía, sino como tecnología de reequilibrio de las fuerzas en presencia.
El principio como prueba de lo real
Hirini Moko Mead observa que las decisiones, desde una perspectiva maorí, no se toman en la abstracción. Están sometidas a una serie de filtros concretos. El primero consiste en buscar si el evento nuevo puede vincularse a una línea existente, a un relato ya vivido. Si no es el caso, se examina si existe un modelo ancestral que pueda servir de guía. Solo en último recurso, cuando estos dos primeros tests fracasan, se recurre a los principios mismos —esos valores que estructuran la vida colectiva e individual—.
Entre estos principios, algunos, como el equilibrio de los intercambios o lo sagrado, ya están integrados en las pruebas anteriores. Quedan aquellos que conciernen directamente a la manera en que los seres se tratan unos a otros: el vínculo de parentesco ampliado, la hospitalidad, la protección de la potencia personal. Estos valores no son ideales lejanos, sino herramientas para evaluar cada situación. Exigen, por ejemplo, preocuparse por los suyos, acoger al extraño con generosidad y, sobre todo, velar por no debilitar jamás la potencia ajena.
inglés These are very important values which embrace other values such as aroha ki te tangata, concern for our people, being a good host and providing; hospitality for guests, protecting the mana of people and not doing anything that threatens their mana or, worse still, damages personal mana.
español Estos valores revisten una importancia capital, pues abarcan otros principios como el aroha ki te tangata —el cuidado de nuestro pueblo—, el arte de ser buen anfitrión y proveer a sus necesidades, la hospitalidad hacia los visitantes, la protección del mana ajeno y la abstención de cualquier acto que pueda amenazarlo o, peor aún, mermar el mana personal.
La obligación como extensión del vínculo
El principio de parentesco ampliado, tal como lo describe Hirini Moko Mead, no se limita a los lazos de sangre. Se extiende a todos aquellos que comparten una causa, un lugar o una experiencia común. Un colega, un miembro de la misma tribu o incluso un aliado político puede convertirse en pariente mediante este valor. La obligación de asistencia que de ello se deriva no es una simple recomendación moral: es una necesidad estructural. Si un pariente es víctima de una injusticia, los demás deben actuar. Si un pariente se embarca en una empresa científica o política, los suyos están obligados a apoyarlo, aunque dicha empresa no forme parte directamente de las tradiciones.
Esta extensión del vínculo transforma el parentesco en una fuerza política. Crea redes de solidaridad que trascienden las fronteras familiares y tribales. Pero también impone restricciones: no se pueden ignorar las necesidades de quienes forman parte de este círculo ampliado. La presencia física, por ejemplo, es un deber. Mostrar el rostro en un encuentro es afirmar que el vínculo existe y está activo. Es una manera de nutrir la relación, de mantenerla viva.
La hospitalidad como reequilibrio de potencias
El manaakitanga, a menudo traducido como hospitalidad, es mucho más que eso. Según Hirini Moko Mead, se trata de una práctica de cuidado de las relaciones, donde cada gesto busca preservar o aumentar la potencia de los demás. Ofrecer una comida, acoger a un visitante o gestionar un conflicto con mesura son actos que refuerzan el tejido social. Pero esta práctica no es desinteresada: se basa en la idea de que la potencia de cada uno depende de la de los otros.
En los intercambios de dones, por ejemplo, la elección del objeto ofrecido no es casual. Debe reflejar la posición social de los participantes y, sobre todo, contribuir a aumentar su potencia. Un jefe, en particular, está llamado a cumplir con este cometido: sus recursos deben circular para honrar nacimientos, matrimonios y duelos. El don no es una simple transacción, sino una afirmación de la relación y de la potencia de las partes involucradas. Si el don es inadecuado, si humilla o debilita al otro, destruye el vínculo en lugar de nutrirlo.
La soberanía como capacidad de hacer crecer
Lo que emerge de esta ética es una concepción del poder radicalmente distinta a la que predomina en las sociedades occidentales. Aquí, el poder no se mide por la capacidad de dominar, sino por la de hacer crecer a los demás. Un jefe no es poderoso porque impone su voluntad, sino porque sabe movilizar sus recursos para fortalecer a su comunidad. Del mismo modo, una persona es respetada no por acumular riquezas, sino por hacerlas circular de manera que aumente la potencia colectiva.
Esta soberanía relacional se sustenta en un equilibrio frágil. Las relaciones, recuerda Hirini Moko Mead, están siempre amenazadas por el desequilibrio. Un gesto mal calculado, una palabra hiriente, un don inapropiado, y toda la red se resiente. De ahí la necesidad de rituales de reequilibrio, de prácticas como el muru, que permiten reparar las ofensas sin destruir los vínculos. Estas prácticas no son reliquias del pasado, sino herramientas aún activas para mantener la cohesión del grupo.
Una tecnología política para lo vivo
El manaakitanga no es una virtud abstracta, sino una tecnología política al servicio de lo vivo. No se aplica solo a los humanos, sino también a los no humanos y a los territorios. Al cuidar de los demás, al velar por no debilitar su potencia, se preserva el equilibrio del mundo. Esta ética ofrece una alternativa a la lógica extractivista que hoy predomina: propone una manera de vivir donde el poder se mide por la capacidad de nutrir, proteger y hacer crecer.
Fuentes citadas
- Hirini Moko Mead, Tikanga Maori Living By Maori Values, ed. Huia Publishers, 2003, trad. rendu français maison (œuvre en anglais, courtes citations attribuées).