El colapso y las elecciones que ya no eligen
Cuando el humo revela lo que las ilusiones ya no ocultan
Hay un momento en que las preguntas ya no se formulan como aperturas, sino como constataciones. Un momento en que lo que antes era objeto de debate —las ilusiones, las falsas creencias— deja de ser un asunto, no porque se haya resuelto, sino porque se ha vuelto secundario. Isabelle Stengers designa este momento con una precisión que deja poco espacio a la interpretación:
Se trata, pues, de pensar en un momento en que el papel, antes considerado crucial, de las ilusiones y las falsas creencias ha perdido importancia, sin que por ello —al contrario— se haya debilitado el poder de las «elecciones forzadas»
Estas elecciones forzadas no se describen. Se nombran, y su poder se señala como intacto, incluso reforzado. El texto no dice qué contienen ni cómo se imponen. Se limita a indicar que su dominio persiste, aun cuando las ilusiones que antes las acompañaban hayan perdido su función. Ya no es necesario defender ciertas ideas, pues se han instalado como evidencias. Las alternativas, si existen, no se mencionan.
Davi Kopenawa, en cambio, habla de una propagación. No de una idea, no de una elección, sino de una sustancia que viaja:
234 - La epidemia (xawara) se propaga en el mundo visible bajo forma de humo (xawara wakëxi).
La frase es factual. No dice nada sobre las causas, las consecuencias, ni siquiera sobre la naturaleza de ese humo. Se limita a establecer un vínculo entre una epidemia y su manifestación visible. La palabra xawara se repite, como para anclar la idea de que el humo no es un simple vehículo, sino una forma que adopta la enfermedad misma. El mundo visible se menciona, sin énfasis, como el lugar donde ocurre esa propagación.
Estos dos fragmentos no se responden. Tampoco se oponen. Coexisten, cada uno en su registro: uno habla de un sistema en el que las opciones se reducen sin que ya sean necesarias las justificaciones; el otro describe un fenómeno en el que una epidemia toma la forma del humo. Ninguno propone una solución. Ninguno generaliza más allá de lo que enuncia.
Sin embargo, su yuxtaposición revela una tensión. Por un lado, un estrechamiento de lo posible, donde las ilusiones ya no necesitan defenderse porque se han fundido en el paisaje. Por otro, una propagación que no se oculta, que se ofrece a la vista bajo una forma tangible. El humo, aquí, no es una metáfora. Es aquello por lo que la epidemia se vuelve perceptible. Las elecciones forzadas, en cambio, no se ven. Actúan en un plano previo, limitando lo que puede pensarse, sin que sea necesario nombrarlas.
Ni Stengers ni Kopenawa dicen qué habría que hacer. Stengers no describe los mecanismos de las elecciones forzadas, solo su persistencia. Kopenawa no comenta el humo, solo su presencia. Sus textos no confluyen en un terreno común, pero señalan, cada uno a su manera, un mismo movimiento: el de un mundo en el que ciertas cosas se cierran mientras otras se extienden.
El humo se propaga. Las elecciones se estrechan. Ninguna de las dos voces intenta explicar a la otra. Ninguna pretende tener la clave. Se limitan a señalar: una, un fenómeno visible; la otra, una lógica invisible. Y es quizá ahí, en esa ausencia de convergencia forzada, donde algo se deja entrever: no una respuesta, sino una invitación a observar lo que ocurre cuando las soluciones se reducen y los signos se multiplican.
Fuentes citadas
- Isabelle Stengers, Au temps des catastrophes, ed. .
- Davi Kopenawa, La Chute du ciel, ed. Plon, coll. Terre humaine, 2010, trad. Bruce Albert (propos yanomami recueillis et traduits).