La memoria entre el borrado y la transmisión
Dos voces sobre el frágil cimiento de las civilizaciones
La memoria nunca es neutral. Se presenta primero como un hecho: una lengua, una obra, una estructura que se impone. Pero tras esas apariencias, se convierte en un terreno disputado, un espacio donde se dirimen fuerzas invisibles. Dos fragmentos, uno extraído de una ficción política y otro de un trabajo histórico, ofrecen una imagen contrastada.
La lengua como marco oficial
El primer fragmento proviene de un mundo donde la memoria está enmarcada por una institución. El Newspeak se presenta allí como herramienta de gobierno, una lengua que no existe por azar, sino por decisión.
1 Newspeak was the official language of Oceania. For an account of its structure and etymology see Appendix.
El texto no dice más. No describe los efectos de esa lengua ni sus intenciones. Se limita a registrar su existencia como un hecho administrativo: es oficial. Ese estatus le confiere una autoridad que va más allá de las meras palabras. Una lengua oficial no es solo un medio de comunicación; es un marco que delimita lo que puede decirse, pensarse, transmitirse. El Newspeak no se presenta como una amenaza o una innovación, sino como un dato del mundo, una realidad a la que cabe remitirse (“see Appendix”). Esa aparente neutralidad es lo que le da fuerza: se impone sin justificación, como una evidencia.
La obra como acumulación
El segundo fragmento proviene de otro tipo de trabajo. Ibn Jaldún describe en él la génesis de un libro, pero también la manera en que la memoria se despliega en él.
A este libro, titulado Historia de los bereberes, añadió un volumen de prolegómenos; poco después, completó su trabajo con una nueva serie de memorias relativas a los pueblos y dinastías de Oriente.
Aquí la memoria no es una lengua impuesta, sino un proceso de adiciones sucesivas. La obra inicial (Historia de los bereberes) se enriquece con un volumen, luego con una “nueva serie de memorias”. Esas adiciones no se presentan como correcciones o revisiones, sino como complementos naturales. La memoria, en este caso, no es un bloque fijo, sino una materia que se acumula, se prolonga, se diversifica. No es oficial, sino orgánica: crece con el tiempo, se adapta a las necesidades, integra nuevos elementos sin borrar los anteriores.
Dos maneras de fijar el pasado
Estos dos fragmentos no hablan de la memoria del mismo modo. El primero la presenta como un marco rígido, una lengua cuya estructura y etimología quedan consignadas en un apéndice. El segundo la muestra como un trabajo en movimiento, donde cada adición prolonga la obra inicial sin negarla.
Sin embargo, ambos revelan una misma preocupación: la memoria no es un dato, sino una construcción. En 1984, queda fijada por una autoridad que controla sus contornos. En los Prolegómenos, es moldeada por un trabajo de escritura que se extiende a lo largo de varios volúmenes. En ambos casos, no es un simple recuerdo, sino una realidad que se inscribe en formas precisas: una lengua, un libro, una estructura.
El silencio de las fuentes
Estos fragmentos no dicen nada sobre las intenciones que los sustentan. No revelan si la memoria es una herramienta de dominación o un medio de transmisión. No precisan si está amenazada o protegida. Se limitan a describir hechos: una lengua oficial, una obra que se enriquece.
No obstante, esos silencios son elocuentes. El Newspeak se menciona sin comentario, como si su existencia fuera obvia. Los Prolegómenos se describen como un trabajo en curso, sin juicio sobre su valor o utilidad. Ambos textos no buscan convencer, sino constatar. No proponen una lección, sino que ofrecen materiales para pensar.
Lo que queda
Si nos atenemos estrictamente a estos fragmentos, no podemos afirmar que la memoria sea un baluarte o un blanco. No podemos decir que sea orgánica o artificial. Solo cabe constatar dos maneras de abordarla: como una lengua oficial o como una obra en expansión.
Pero esas dos aproximaciones revelan una misma verdad: la memoria nunca está dada. Siempre está en juego, siempre por construir o reconstruir. Ya sea impuesta por un poder o moldeada por un trabajo de escritura, sigue siendo una apuesta central, un paso obligado para cualquier civilización.
Los sabios no proponen soluciones. Muestran simplemente que la memoria, ya sea lengua u obra, es un espacio donde se dirimen fuerzas invisibles. No dicen cómo preservarla, pero recuerdan que nunca es neutral.
Fuentes citadas
- George Orwell, Nineteen Eighty-Four EN avec appendice Newspeak, ed. .
- Ibn Khaldûn, Les Prolégomènes (Muqaddima), tome 1, ed. Notices et extraits, Imprimerie impériale, Paris, 1863, t. 1, trad. William Mac Guckin de Slane.