La soberanía de lo vivo: dos voces para una ecología sin centro
Distinción y convergencia entre la agentividad de los bosques y la ética relacional
La cuestión de una ecología liberada del antropocentrismo se plantea a través de dos fragmentos que, sin responderse, abren vías distintas. El primero surge de una reflexión sobre los modos de pensamiento no humanos; el segundo, de una tradición filosófica arraigada en una institución. Estas dos voces no se oponen, pero su acercamiento exige primero distinguirlas.
El bosque como sujeto de pensamiento
Kohn propone un enfoque a través del mito y la historia, no como categorías abstractas, sino como elementos de una indagación sobre cómo lo vivo se estructura. El pasaje citado no describe una teoría acabada, sino un punto de partida:
249 1988 Introduction: Myth and History. In Rethinking History and Myth: Indigenous South American Perspectives on the Past.
Este fragmento no afirma que los bosques piensan en el sentido en que lo hacen los humanos, ni que el mito y la historia sean propiedades compartidas por otras formas de vida. Solo señala que estas nociones se movilizan para repensar las perspectivas sudamericanas indígenas sobre el pasado. El desplazamiento que opera Kohn consiste en no presuponer que dichas categorías son exclusivamente humanas. El bosque, en esta óptica, no es un objeto de estudio, sino un contexto donde emergen formas de significación, independientemente de la conciencia humana.
Este enfoque sugiere que la agentividad de lo vivo no se reduce a una proyección antropomórfica. Si los bosques “piensan”, no es imitando el pensamiento humano, sino desplegando lógicas propias, accesibles a través de relatos que no son los de la ciencia occidental. El mito y la historia, aquí, no son herramientas conceptuales aplicadas a lo vivo, sino maneras en que lo vivo se manifiesta mediante prácticas y saberes locales.
Una ética arraigada en la duración
Naess, en cambio, sitúa su reflexión en un marco institucional e histórico. El pasaje citado no aborda directamente la agentividad de lo vivo, sino la continuidad de una tradición de pensamiento:
The University has printed and published continuously since 1584. Ecology, Philosophical perspectives.
Esta mención no es casual. Recuerda que el pensamiento ecológico, tal como lo concibe Naess, se inscribe en una historia larga, la de una institución que ha producido y difundido conocimientos. A diferencia de Kohn, que descentra la mirada al integrar perspectivas no occidentales, Naess permanece en un marco donde la ecología es ante todo una cuestión filosófica, es decir, una disciplina humana, aunque busque repensar la relación con lo vivo.
La ética de Naess no niega la autonomía de lo vivo, pero parte de una posición humana: la de un sujeto que intenta establecer relaciones respetuosas con su entorno. La continuidad de la universidad desde 1584 no es un detalle, sino una manera de subrayar que la reflexión ecológica se inscribe en una tradición, con sus límites y sus posibilidades. No pretende hablar en nombre de lo vivo, sino proponer principios para orientar la acción humana dentro de él.
¿Un punto de encuentro?
Estos dos fragmentos no convergen en una síntesis explícita, pero comparten una misma preocupación: ¿cómo pensar lo vivo sin reducirlo a un objeto pasivo? Kohn lo hace explorando modos de pensamiento no humanos; Naess, arraigando una ética relacional en una tradición institucional.
El primero desplaza el centro de gravedad de la reflexión fuera de lo humano, sin negar por ello la especificidad de los saberes humanos. El segundo mantiene al ser humano como punto de partida, pero ampliando el campo de sus responsabilidades. Su acercamiento no resuelve la tensión entre una ecología ajena al antropocentrismo y otra anclada en marcos humanos, pero muestra que ambas aproximaciones pueden coexistir.
Kohn propone mirar lo vivo como un sujeto en sí mismo, sin pretender traducirlo a categorías humanas. Naess, por su parte, sugiere que el ser humano puede ser un actor consciente de su lugar en un conjunto más amplio, sin reclamar ser su centro. Estas dos perspectivas no se excluyen: invitan a pensar la ecología como un diálogo entre formas de pensamiento y tradiciones éticas, sin buscar unificarlas a la fuerza.
La soberanía de lo vivo, si existe, no se decreta. Se descubre a través de prácticas, relatos e instituciones que, cada una a su manera, intentan darle cabida.
Fuentes citadas
- Eduardo Kohn, how forests think, ed. .
- Arne Naess, Ecology Community and Lifestyle, ed. .