Los invisibles de la tierra

Quienes cultivan, cosechan y mueren para que otros coman sin verlos

Los invisibles de la tierra
Nicolas Poussin — Orión ciego buscando el sol naciente (1658). Metropolitan Museum of Art, CC0.

La tierra da sin medida. Sostiene a quienes la trabajan, a quienes extraen de ella, a quienes mueren por ella. Sin embargo, esas vidas permanecen en el ángulo muerto de las miradas apresuradas. Dos propuestas se enfrentan, sin tocarse aún.

El margen como revelador

Tsing propone observar allí donde el capitalismo se deshace tanto como se construye. No se trata de una teoría de los grandes sistemas, sino de ensamblajes frágiles, de historias que se bifurcan. Escribe:

TRABAJAR EN EL MARGEN Abordar el capitalismo desde una teoría que ponga el acento en ensamblajes efímeros e historias multidireccionales puede parecer un intento algo extravagante.

Anna Tsing, Le Champignon de la fin du monde  — ed. a partir de la traducción francesa, trad. viasophia

Extravagante, sí, porque desplaza la mirada. En lugar de seguir los flujos dominantes, se detiene en lo que persiste al margen: los recolectores de hongos, los jornaleros agrícolas, los suelos agotados. Estas existencias precarias no son excepciones, sino condiciones mismas de la producción. Hacen visible lo que el capitalismo borra: la dependencia de colaboraciones multiespecie, de ritmos no humanos, de vidas que se sostienen sin ser contabilizadas.

El margen no es un lugar, sino un método. Revela las grietas donde se alojan quienes mantienen el edificio sin ser reconocidos como sus pilares. Los invisibles de la tierra no están ausentes —simplemente están fuera de campo.

La ética como desplazamiento

Leopold, en cambio, parte de otro punto. Para él, ninguna transformación moral ocurre sin una revolución interior. No se trata de añadir reglas, sino de desplazar lo que importa. Anota:

Ninguna evolución importante de la ética se ha producido jamás sin un cambio intrínseco en nuestros principios intelectuales, lealtades, afectos y convicciones.

Aldo Leopold, Almanach d un comt des sables  — ed. a partir de la traducción francesa, trad. viasophia

Este cambio no es cuestión de moral individual, sino de relación. Leopold habla de la tierra como una comunidad donde cada ser tiene un valor intrínseco, no mercantil. Los invisibles —sean humanos, vegetales o minerales— no son recursos, sino miembros. Su existencia no necesita justificarse por su utilidad.

La ética que propone no es un mandato, sino una propuesta: ¿y si consideráramos la tierra de otro modo que a través del prisma de la extracción? No como un depósito, sino como un tejido de relaciones donde cada hilo, por tenue que sea, contribuye a la trama.

Donde las voces se cruzan

Tsing y Leopold no hablan de los mismos invisibles. Una describe ensamblajes precarios; el otro, una comunidad ampliada. Sin embargo, sus propuestas convergen en un mismo gesto: el de desplazar la mirada.

Tsing muestra que el capitalismo solo se sostiene gracias a colaboraciones que no reconoce. Leopold sugiere que esas colaboraciones podrían ser el fundamento de otra forma de habitar la tierra. Ninguno de los dos prescribe. Simplemente proponen ver lo que ya está ahí —y que, sin embargo, sigue siendo invisible.

Los invisibles de la tierra no piden ser salvados. Piden ser nombrados. No como víctimas ni como héroes, sino como presencias que hacen posible lo que damos por sentado. Quizá ahí comience una ética: aprender a distinguir antes de converger.

Fuentes citadas

  • Anna Tsing, Le Champignon de la fin du monde, ed. .
  • Aldo Leopold, Almanach d un comt des sables, ed. .