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title: "Dar su fuerza sin perderla"
sousTitre: "Luis Dunu Jiménez Dësi, cazador y sanador matsés, describe un mundo donde la energía vital es una materia que se sopla de un cuerpo a otro —y quien da mucho a quien tiene poco no pierde nada de la suya."
description: "Sinan y dayac, palabras matsés: la energía del chamán y la del trabajo. En la cosmovisión de Luis Dunu Jiménez Dësi, la fuerza vital se transmite mediante el tabaco soplado, y quien posee mucha la comparte con quien tiene poca sin que la suya mengüe."
date: 2026-06-22
lang: es
tradition: matses
auteurs: ["Luis Dunu Jiménez Dësi"]
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# Dar su fuerza sin perderla

Para transmitir su fuerza a otro, el hombre matsés le sopla tabaco por la nariz. El gesto es preciso, casi médico: un polvo de tabaco insuflado por la fosa nasal, o el veneno de un sapo aplicado sobre la piel, y algo pasa —no un saber, ni una bendición, sino energía, en el sentido más concreto. Quien la recibe caza mejor, trabaja más, apunta con mayor tino. Luis Dunu Jiménez Dësi, cazador y sanador de la comunidad de Ibama, nacido en la selva entre dos ríos, confió al recopilatorio *El ojo verde* —donde amazónicos exponen ellos mismos el pensamiento de su pueblo— la forma de este mundo donde la fuerza es una materia que circula.

  
    Mi nombre es Dunu. Yo nací en Brasil, en la selva entre el río Pardo y el río Yavarí.
  
  Mi nombre es Dunu. Nací en Brasil, en la selva, entre el río Pardo y el río Yavarí.

Esta energía no es una metáfora. Pertenece al espíritu, dice Dunu —*las personas tienen una energía que forma parte de su espíritu*— y, lo más extraño, se desplaza: se *transmite a otra persona soplándole tabaco en polvo por la nariz, o aplicándole el veneno del sapo*. Cuando un buen cazador comparte la suya con otros hombres, estos ganan coraje, vigor para trabajar y cazar, destreza. La fuerza no permanece encerrada en un cuerpo como un talento: se presta, se transfunde.

Y no es de una sola clase. El mundo de Dunu distingue dos, a las que nombra.

  
    Dayac es energía para ser activo y buen trabajador, y ambos, mujeres y hombres, tienen dayac. Sinan es energía de chamán, guerrero y cazador.
  
  El dayac es la energía para ser activo y buen trabajador, y todos, mujeres y hombres, tienen dayac. El sinan es la energía del chamán, del guerrero y del cazador.

El *dayac* es la energía ordinaria, la del trabajo bien hecho —con ella se tejen mejor las hamacas y los adornos, se persevera en la tarea; todos la poseen. El *sinan* es la energía elevada, la de quien trata con lo invisible y el peligro: el chamán, el guerrero, el cazador. La lengua no confunde el vigor del esfuerzo con el poder de quien ve; nosotros, que decimos «energía» para ambas, hemos perdido esa distinción.

*[La regla y su excepción]* Entre los matsés, explica Dunu, solo los hombres pueden tener sinan. Pero añade de inmediato una excepción: su propia madre, capturada de la tribu Dëmushbo, lo poseía porque era chamán, y lo había heredado de su «madre», también chamán. La fuerza sigue el linaje de quien ve, más que el sexo.

Queda el rasgo por el que esta energía desbarata todo lo que la palabra evoca para nosotros. No se gasta.

  
    Los que tienen mucha energía la pasan a los que tienen menos energía. Pueden pasarle a otro su energía sin que disminuya su propia energía.
  
  Quienes tienen mucha energía la pasan a quienes tienen menos. Pueden pasársela a otro sin que la suya disminuya.

Quien da no pierde nada. El receptor se engrandece, y el dador permanece pleno. Solo hay una manera de ver menguar la propia fuerza: dejar que alguien más débil nos sople a su vez el tabaco —entonces la nuestra desciende hacia la suya. La dirección importa, el don no cuesta. No es un capital que se agote al compartirlo; es una crecida que inunda ambas orillas, siempre que fluya de lo alto hacia lo bajo.

Ahí es donde la palabra matsés deshace la nuestra. Nuestra «energía» proviene de la física: una cantidad que se conserva, que se transfiere perdiendo exactamente lo que el otro gana —un juego de suma cero. Decimos «no me queda energía», la «gastamos», nos «recargamos»: siempre un depósito finito, que dar agota. El *sinan* obedece a otra contabilidad, donde dar no resta. Tampoco es el don ceremonial, el [minidewak](https://viasophia.org/lexique/minidewak/) que se está obligado a hacer circular —pues aquí nada obliga, y nada se cede. Lo más cercano, entre nosotros, sería el aliento, el [qi](https://viasophia.org/lexique/qi/) de los chinos, que se gana despojándose en lugar de acumular; pero Dunu no adquiere el suyo vaciándose —lo conserva al darlo. La pregunta que su mundo plantea al nuestro no es si la fuerza es limitada. Es si alguna vez nos empobrecemos al hacer fuertes a los demás.

## Fuentes

- Luis Dunu Jiménez Dësi, *El ojo verde. Cosmovisiones amazónicas* — FORMABIAP/AIDESEP, 3ᵉ éd. corrigée et augmentée, 2025 (1ʳᵉ éd. 2000), trad. texte original en espagnol (cosmovision recueillie auprès de la voix matsés) ; rendu français maison


Fuente canónica : https://viasophia.org/es/reenchanter/2026-06-22-donner-sa-force-sans-la-perdre/
