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title: "Demasiado pequeño, demasiado pobre"
sousTitre: "Un mismo veredicto cae desde fuera sobre la Oceanía de Epeli Hauʻofa y los Andes de Fernando Huanacuni: demasiado pequeños, demasiado pobres. Ambos lo rechazan —pero uno responde agrandando el mundo, el otro dejando de medirlo por lo que acumula."
description: "Un encuentro entre dos voces desde dentro —el pensador tongano Epeli Hauʻofa (sea of islands) y el jurista aimara Fernando Huanacuni (suma qamaña). Dos rechazos a una misma medida colonial, mediante dos gestos opuestos: ampliar el marco o cambiar la unidad del buen vivir."
date: 2026-06-17
lang: es
tradition: tonga
auteurs: ["Epeli Hauʻofa", "Fernando Huanacuni Mamani"]
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# Demasiado pequeño, demasiado pobre

Demasiado pequeño, demasiado pobre, demasiado aislado. La frase cae desde fuera, y cae en todas partes del mismo modo. Sobre las islas del Pacífico, dice: microestados perdidos en el vacío azul, condenados a depender de la ayuda de las naciones ricas. Sobre las tierras altas andinas, se viste con el lenguaje del desarrollo: pueblos atrasados, a los que habría que impulsar hacia arriba, hacia el nivel de vida, hacia el «mejor». Una misma medida, impuesta desde un mismo centro, que decreta qué vale y qué falta.

Dos voces la rechazan —una desde Tonga y Fiyi, la otra desde las orillas del lago Titicaca—. No se conocen, no se citan, no comparten ni lengua ni océano. Epeli Hauʻofa (1939-2009), pensador tongano, durante mucho tiempo profesor en la Universidad del Pacífico Sur en Suva; Fernando Huanacuni Mamani, jurista y escritor aimara, que reunió para una organización indígena andina el sentido de una palabra ancestral. Ambos impugnan el mismo veredicto. Pero lo que los hace valiosos para ponerlos lado a lado no es su acuerdo: es que sus respuestas parten en **direcciones opuestas**, y no se comprende ni la una ni la otra si se las confunde demasiado pronto.

## La respuesta de Hauʻofa: agrandar el mundo

Hauʻofa primero enseñó la pequeñez. Describía a sus estudiantes su situación de dependencia, su estrechez, su lejanía, y veía cómo se les descomponía el rostro. Luego entendió que enseñar eso a jóvenes venidos de su propia región era contribuir a su humillación. En 1993, en una conferencia que se volvería fundacional, dio vuelta el mapa.

  
    There is a gulf of difference between viewing the Pacific as 'islands in a far sea' and as 'a sea of islands'. The first emphasises dry surfaces in a vast ocean far from the centres of power. When you focus this way you stress the smallness and remoteness of the islands. The second is a more holistic perspective in which things are seen in the totality of their relationships.
  
  Hay un abismo entre ver el Pacífico como «islas en un mar lejano» y como «un mar de islas». La primera visión insiste en superficies secas dentro de un vasto océano, lejos de los centros de poder. Cuando se mira así, se subraya la pequeñez y el aislamiento de las islas. La segunda es una perspectiva más global, donde las cosas se ven en la totalidad de sus relaciones.

El desplazamiento es preciso: «islas en un mar» convierte al océano en un intervalo que separa y empequeñece; «un mar de islas» lo convierte en el medio que une. Se deja de contar las superficies de tierra emergida para medir un mundo por sus rutas, sus parentescos, sus intercambios tejidos a lo largo de dos mil años de navegación. «*Smallness is a state of mind*» —la pequeñez es un estado mental—. Y la conclusión que Hauʻofa extrae no consiste en conformarse con un mundo pequeño bien amado: consiste en afirmar que el mundo, visto con justicia, es inmenso.

  
    The world of Oceania is not small; it is huge and growing bigger every day.
  
  El mundo de Oceanía no es pequeño; es inmenso, y crece cada día más.

El gesto es el de la **amplitud**. Frente al veredicto «son demasiado pequeños», Hauʻofa no defiende la dulzura de lo exiguo: ensancha el marco hasta hacerlo estallar. Lo que denomina «*world enlargement*», la ampliación del mundo, continúa ante las narices de los planificadores —por las migraciones, las circulaciones, las familias dispersas de un extremo a otro del Pacífico y más allá—. Oceanía «se extiende», «crece»; es, dice en la cláusula más célebre del ensayo, vasta, hospitalaria, generosa —«*we are the sea, we are the ocean*». La respuesta a la pequeñez es la vastedad.

*[Una voz desde dentro]* Epeli Hauʻofa era tongano, nacido en Papúa, establecido en Fiyi: una voz nombrada y situada, que habla *de* Oceanía sin resumirla —«según Hauʻofa», nunca «los oceánicos dicen»—. El ensayo está escrito en inglés, su lengua de trabajo; «un mar de islas» es nuestro calco. Las dos fórmulas gemelas —*islands in a far sea* / *a sea of islands*— las atribuye a su colega Eric Waddell; el giro, en cambio, es obra suya.

## La respuesta de Huanacuni: cambiar la unidad de medida

En los Andes, el veredicto no lleva el nombre de «pequeñez», sino el de «desarrollo». La exigencia es la misma: hay que vivir **mejor**, ascender por la pendiente del nivel de vida, alcanzar. Y es justamente esa palabra la que Fernando Huanacuni viene a desarticular. El término aimara *suma qamaña* —su gemelo quechua es *sumak kawsay*— que suele traducirse por «vivir bien», no dice que haya que vivir mejor.

  
    El término aymara "suma qamaña" se traduce como "vivir bien" o "vivir en plenitud", que en términos generales significa "vivir en armonía y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia".
  
  El término aimara «suma qamaña» se traduce como «vivir bien» o «vivir en plenitud», lo que significa, en términos generales, «vivir en armonía y equilibrio; en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en equilibrio con toda forma de existencia».

La palabra apunta a un equilibrio, no a un ascenso. Y Huanacuni traza con cuidado la línea divisoria allí donde el desarrollo querría leer un sinónimo:

  
    El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, el vivir mejor es a costa del otro. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo, sólo pensar en el lucro.
  
  El Vivir-bien no es lo mismo que el vivir-mejor; el vivir-mejor se hace a costa del otro. Vivir mejor es el egoísmo, el desinterés por el prójimo, el individualismo, pensar solo en el beneficio.

«Vivir mejor» es comparativo: solo se vive mejor *más que* alguien, por tanto, a sus expensas, y para que una minoría viva mejor, multitudes deben vivir mal. Es la gramática de la acumulación, que ordena el mundo en ganadores y perdedores. «Vivir bien» no se compara: se mide por el equilibrio del todo, no por el hueco que se haya cavado en el vecino o en la tierra. El gesto de Huanacuni, pues, no consiste en agrandar nada. Consiste en **desarmar la propia unidad** con la que se pretende evaluarlo: ni superficie, ni crecimiento, ni «más», sino el ajuste a un conjunto más vasto que uno mismo, donde lo humano no es más que un hilo.

*[Una voz desde dentro]* *Suma qamaña* es un préstamo documentado del aimara, lengua andina viva; «vivir bien» y «vivir en plenitud» son nuestros rendimientos en español, como «vivir bien» es, según admite Huanacuni, un rendimiento demasiado breve en esa lengua. La síntesis la lleva una voz indígena nombrada —Fernando Huanacuni Mamani—, transmitida por una organización indígena andina responsable, la CAOI: «según Huanacuni», nunca «los andinos dicen». El *buen vivir* se ha convertido, desde entonces, en eslogan de Estado y ONG; aquí nos atenemos a la fuente andina, no a su versión diplomática diluida.

## Dos rechazos, dos direcciones contrarias

Sería fácil, y falso, concluir aquí una misma sabiduría en dos lenguas. Ambos rechazan una medida venida de fuera; pero lo que hacen con ella diverge, casi hasta oponerse.

Hauʻofa responde a «demasiado pequeño» con **algo más grande**. Su arma es la amplitud: el mundo es inmenso, se extiende, crece cada día; las rutas se multiplican, las familias desbordan las fronteras. Sigue, a su manera, en el lenguaje de la grandeza —solo que invierte su signo—. Donde el planificador veía puntos minúsculos, él ve un mundo que se infla.

Huanacuni, en cambio, no invierte el signo: **rechaza la balanza**. A «hay que vivir mejor», no responde «no, nosotros vivimos a lo grande» —responde que la vida no se mide en grados, que el «más» es precisamente la trampa—. Su gesto no agranda nada; busca la justa medida, el equilibrio, la suficiencia en la relación. Donde Hauʻofa celebra lo que «crece», Huanacuni desconfía de la gramática misma del crecimiento.

*[Distinguir]* El terreno no es el mismo. Hauʻofa impugna un **espacio** —el mapa, el océano, la escala—: despliega. Huanacuni impugna una **medida del buen vivir** —la economía, el progreso, la acumulación—: reequilibra. Uno responde a la pequeñez con la expansión; el otro responde al «mejor» con la salida del «más o menos». No son dos nombres de un mismo rechazo. Confundirlos sería atribuir a Hauʻofa una apología de la sobriedad que no hace, y a Huanacuni un elogio de la expansión que combate.

## El umbral que comparten

Solo una vez afirmada esta divergencia puede nombrarse lo que, por debajo, se encuentra. Porque la medida que ambos rechazan es la misma en su naturaleza: es **cuantitativa**. Superficie de tierra emergida, nivel de vida, producto, «más» —siempre un número, impuesto desde fuera, que ordena los mundos en una escala—. Y lo que uno y otro le oponen es, también en su naturaleza, lo mismo: una medida **relacional**.

Hauʻofa: se ven las islas «en la totalidad de sus relaciones». Huanacuni: se trata de entender que en la vida «*todo está interconectado*», todo es interdependiente, y «existe una interdependencia entre todo y todos». Lo que hace un mundo, para ambos, no es la cantidad de sus cosas ni la extensión de sus tierras: es la densidad de sus vínculos. El veredicto «demasiado pequeño, demasiado pobre» no se equivoca solo en la respuesta —se equivoca de **unidad**—. Cuenta superficies y bienes donde debería contar relaciones.

Pero ese umbral común lo alcanzan por dos vertientes opuestas, y hay que dejarlos allí. Medir un mundo por sus relaciones puede significar ensanchar su trama —más rutas, más lejos, un océano-hogar que no cesa de crecer: es Hauʻofa—. O bien ajustarse a ella sin romperla —lo suficiente, y no más, el equilibrio en lugar de la expansión: es Huanacuni—. La misma verdad —un mundo se pesa por lo que lo une— se lee una vez como amplitud, otra como justeza. Visión no dual, y no fusión: el umbral es uno, las pendientes siguen siendo dos.

Hemos aprendido dos preguntas, y creemos que son todas las preguntas: *¿cuán grande?* y *¿cuánto más?*. Ambas exigen un número. [El mar de islas](https://viasophia.org/lexique/sea-of-islands/) y [el suma qamaña](https://viasophia.org/lexique/suma-qamana/) plantean una tercera —*¿a cuántos estoy ligado?*— y ni siquiera coinciden en lo que sigue: ¿debe ese vínculo extenderse o mantenerse en equilibrio? El encuentro termina ahí, en ese desacuerdo intacto. Vale más que la falsa paz.

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**À lire aussi**

- [Une mer d'îles](https://viasophia.org/reenchanter/2026-06-17-une-mer-d-iles/)
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## Fuentes

- Epeli Hauʻofa, *Our Sea of Islands* — A New Oceania: Rediscovering Our Sea of Islands, University of the South Pacific, Suva, 1993 ; repris dans The Contemporary Pacific 6/1, 1994, trad. texte original anglais ; rendu français maison
- Fernando Huanacuni Mamani, *Buen Vivir / Vivir Bien. Filosofía, políticas, estrategias y experiencias regionales andinas* — Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), Lima, 2010, trad. texte original espagnol ; rendu français maison


Fuente canónica : https://viasophia.org/es/reenchanter/2026-06-17-trop-petit-trop-pauvre/
