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title: "La soberanía: ilusión y necesidad"
sousTitre: "Tres regímenes de verdad entre ficción, alienación y resistencia"
description: "Entre Spinoza, Schopenhauer y Davi Kopenawa, la soberanía se despliega como una ficción política que intensifica los afectos, una alienación metafísica arraigada en el orgullo, y una resistencia ontológica encarnada por los xapiri. Estas tres voces, sin confundirse, revelan una tensión irreductible: la soberanía nunca es unívoca, sino siempre dividida entre lo que promete y lo que oculta."
date: 2026-09-06
lang: es
tradition: undefined
auteurs: ["Baruj Spinoza", "Arthur Schopenhauer", "Davi Kopenawa"]
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# La soberanía: ilusión y necesidad

La soberanía se presenta ante todo como un engaño afectivo. Spinoza despliega su mecanismo en la *Ética*: lo que se imagina libre suscita un sentimiento más intenso que lo percibido como necesario. La proposición 49 de la tercera parte establece este principio, que la cuarta parte extiende a las cosas posibles o contingentes. El pasaje citado condensa esta lógica:

> El sentimiento hacia una cosa que imaginamos libre es mayor que hacia una necesaria (según la proposición 49, parte III), y en consecuencia aún mayor que hacia aquella que imaginamos posible o contingente (según la proposición 11, parte IV).
>
> — **Baruch Spinoza**, *ethique*, livre III, § 49. éd. según la traducción francesa de Charles Appuhn, Wikisource (1913).

La soberanía, en esta perspectiva, no es un atributo real, sino un modo de imaginación. Se alimenta de la ilusión de libertad, la cual amplifica el afecto. Spinoza no describe un estado de hecho, sino una relación: lo imaginado como libre se convierte en objeto de un sentimiento acrecentado. La necesidad, en cambio, reduce el afecto porque suprime la distancia entre la representación y la realidad. La soberanía política, por tanto, funciona como operador de esta imaginación. Transforma determinaciones en apariencias de elección, coacciones en voluntades. El sentimiento que genera no es mentiroso, pero sí producido por un error de categoría: confundir la libertad con lo que solo tiene su apariencia.

Spinoza no condena esta ilusión. Expone su estructura. La soberanía no es un error por corregir, sino un fenómeno por comprender. Es un efecto de la imaginación colectiva, una ficción necesaria para el orden político. La proposición 49 muestra que el afecto es proporcional a la distancia entre lo percibido y lo que es. La soberanía, al presentarse como libre, maximiza esa distancia. Es, por definición, un exceso de sentimiento. Este exceso no es accesorio: es la condición misma de su eficacia. Sin él, la soberanía perdería su poder de adhesión. Dejaría de ser objeto de deseo para convertirse en un simple mecanismo.

La cuarta parte precisa que las cosas posibles o contingentes suscitan un sentimiento menor. La soberanía, para mantener su intensidad, debe presentarse como libre, es decir, como sustraída a toda determinación. Debe borrar sus propias condiciones de posibilidad. Spinoza revela así que la soberanía es una ficción performativa: produce los afectos que pretende solo reflejar. No es un dato, sino un proceso. Un proceso que reposa sobre un desconocimiento activo de la necesidad.

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## El orgullo como raíz metafísica

Schopenhauer aborda la soberanía desde otro ángulo: el del orgullo. En los *Aforismos sobre la sabiduría en la vida*, escribe:

> Como el orgullo tiene su raíz en la convicción, será, al igual que toda noción, ajeno a nuestra voluntad libre.
>
> — **Arthur Schopenhauer**, *Aphorismes sur la sagesse dans la vie*. éd. según la traducción francesa de Jean-Alexandre Cantacuzène.

El orgullo no es una elección, sino una convicción. Está anclado en una certeza que precede a toda deliberación. Schopenhauer no habla aquí de la soberanía política, sino de su condición subjetiva. El orgullo es lo que hace posible la idea misma de soberanía. Es la raíz metafísica de una ilusión: la de una voluntad libre, independiente de las determinaciones.

La soberanía, para Schopenhauer, es ante todo una cuestión de convicción. Reposa sobre la idea de que algo —un individuo, un Estado, una voluntad— escapa a las leyes que rigen el resto del mundo. Esta convicción no es racional, sino afectiva. Es una forma de saber que no se somete a la prueba. El orgullo, en tanto que convicción, es pues una alienación. Aliena a quien lo porta a una imagen de sí mismo que carece de fundamento en la realidad.

Schopenhauer precisa que esta convicción está «fuera de nuestra voluntad libre». La soberanía, por tanto, no es un acto de libertad, sino una determinación. Es el producto de una necesidad psicológica, no de una elección. El orgullo, como raíz de la soberanía, es pues una prisión. Enclaustra a quien lo padece en una representación de sí mismo que lo trasciende. La soberanía, en esta perspectiva, no es una liberación, sino una servidumbre. Una servidumbre a una imagen, a una ficción.

La soberanía política, para Schopenhauer, hereda esta estructura. Es la extensión colectiva de una convicción individual. Reposa sobre la idea de que un grupo, una nación, un pueblo, puede sustraerse a las leyes que rigen a los demás. Esta convicción es tan ilusoria como el orgullo individual. Es una alienación metafísica, un desconocimiento de la necesidad que gobierna el mundo.

Schopenhauer no propone salir de esta ilusión. Expone su mecanismo. La soberanía, como el orgullo, es una convicción que precede a toda voluntad. Es, pues, inevitable, pero también irreducible a un simple error. Es una condición del pensamiento político, una ficción necesaria para el orden social. Pero una ficción que, por estar anclada en el orgullo, es también una alienación.

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## Los xapiri y la resistencia ontológica

Davi Kopenawa, en *La caída del cielo*, aborda la soberanía desde una perspectiva radicalmente distinta. El pasaje citado no habla directamente de soberanía, sino de los xapiri, esos espíritus que pueblan la cosmología yanomami:

> Sobre los xapiri de la tierra de los ancestros blancos, véanse los capítulos XVIII y XX.
>
> — **Davi Kopenawa**, *La Chute du ciel*, ch. 167. éd. según la versión francesa de Bruce Albert, Plon, col. Terre humaine, 2010.

Los xapiri no son entidades políticas, sino fuerzas ontológicas. Son los guardianes de un orden que precede y excede las construcciones humanas. La referencia a los «xapiri de la tierra de los ancestros blancos» sugiere un enfrentamiento entre dos regímenes de verdad. De un lado, la soberanía de los Estados, las naciones, las leyes. Del otro, los xapiri, que no dependen de la voluntad humana, sino de una necesidad cósmica.

La soberanía, para Davi Kopenawa, no es una ficción ni una alienación, sino una resistencia. Una resistencia a un orden que busca imponerse como universal. Los xapiri no son soberanos, sino custodios. Protegen un mundo que no necesita soberanía para existir. Su presencia recuerda que la soberanía humana es siempre local, siempre limitada. Es un intento de dominar lo que, por esencia, la trasciende.

La referencia a los capítulos XVIII y XX indica que este enfrentamiento es un tema central del libro. Los xapiri de los ancestros blancos no son espíritus yanomami, sino fuerzas que han sido domesticadas, convertidas en instrumentos de poder. La soberanía, en esta perspectiva, es un intento de apropiarse de lo que no puede ser apropiado. Es una violencia ejercida contra el orden cósmico. Pero una violencia que, por ser local, es también frágil.

Davi Kopenawa no rechaza la soberanía. Revela sus límites. Los xapiri no son adversarios de la soberanía, sino testigos de su insuficiencia. Recuerdan que la soberanía humana es siempre parcial, siempre amenazada por lo que la excede. Son una forma de resistencia ontológica, un modo de recordar que el mundo no se reduce a las construcciones políticas.

La soberanía, para Davi Kopenawa, no es una ilusión ni una alienación, sino un combate. Un combate por preservar un orden que no la necesita para existir. Los xapiri no son soberanos, sino guardianes. Protegen un mundo donde la soberanía no es una necesidad, sino una excepción.

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## La soberanía como tensión irreductible

Estas tres voces no convergen. No forman una síntesis. Spinoza describe la soberanía como una ficción afectiva, Schopenhauer como una alienación metafísica, Davi Kopenawa como una resistencia ontológica. Sin embargo, revelan una tensión común: la soberanía nunca es unívoca.

Spinoza muestra que la soberanía es un efecto de la imaginación. Reposa sobre un desconocimiento de la necesidad. Schopenhauer la convierte en una convicción que precede a toda voluntad. Davi Kopenawa la presenta como un intento de dominar lo que la trasciende. Estas tres aproximaciones no se excluyen. Se complementan al revelar que la soberanía está siempre ya dividida.

La soberanía no es una ilusión por disipar ni una necesidad por celebrar. Es un fenómeno complejo, irreducible a una sola grilla de lectura. Spinoza revela su dimensión afectiva, Schopenhauer su dimensión metafísica, Davi Kopenawa su dimensión ontológica. Ninguna de estas dimensiones basta por sí sola. Ninguna puede ser ignorada.

La soberanía, en esta perspectiva, es una tensión. Una tensión entre lo que promete y lo que oculta. Entre la libertad que exhibe y la necesidad que niega. Entre el orgullo que la funda y los xapiri que la amenazan. No es ni del todo una ilusión ni del todo una necesidad. Es ambas cosas a la vez.

Estas tres voces no proponen una solución. Exponen una problemática. La soberanía no es un objeto por definir, sino un campo de fuerzas por explorar. Un campo donde se cruzan el afecto, la convicción y la resistencia. Un campo donde la verdad nunca está dada, sino siempre por construir.

## Fuentes

- Baruch Spinoza, *ethique* — Wikisource (trad. Charles Appuhn, 1913), trad. Charles Appuhn
- Arthur Schopenhauer, *Aphorismes sur la sagesse dans la vie* — trad. Jean-Alexandre Cantacuzène
- Davi Kopenawa, *La Chute du ciel* — Plon, coll. Terre humaine, 2010, trad. Bruce Albert (propos yanomami recueillis et traduits)


Fuente canónica : https://viasophia.org/es/essais/2026-09-06-souverainete-illusion-necessite/
